UN BLOG PARA LOS INTERESADOS EN DAR A CONOCER SUS INQUIETUDES LITERARIAS, COMENTAR LIBROS, PELÍCULAS O ... SIMPLEMENTE COMPARTIR SUS SUEÑOS.



31 may. 2008

¿La literatura vive de la crisis?


Esta foto de mensaje deplorable habla por sí sola

Recién leí un comentario de Gunter Grass dónde dice que la literatura vive de la crisis. Gunther Grass es el alemán ganador del premio nobel de literatura 1999, quien me llamó la atención porque escribe sus borradores a mano. También muchas veces lo hago y me sentía algo íncomodo por hacer esto en un mundo computarizado.
!Que alivio, pana!

"La Literatura vive de la crisis", dice Grass, porque cuando el comunismo se rompe contra su propia historia; cuando con la libertad viene la miseria; cuando el capitalismo es la única ideología; cuando sólo la Bolsa tiene sentido y cuando los historiadores, cansados de peleas por notas de pie de página, se extravían por la incertidumbre de la poshistoria, la literatura se cotiza mucho. El escritor alemán asegura que la historia continúa epiléptica y con ella, siempre en contradicción, la literatura tiene futuro. Una buena parte de la literatura surge de las pérdidas,

De ser cierto esa frase, entonces los que escriben hoy en día en este país tienen mucho de que escribir y mucho de que vivir... si con eso se come. ¿O es que no estamos en crisis ? ¿O en este país no leemos?
Confieso que no he leído a Grass; pero, hace años, sí vi una película basada en una de sus novelas "El tambor de hojalata" y desde ese entonces aún recuerdo algunos pasajes de aquella, mientras no me dormí en la sala. Recuerdo a Oscar, el niño que tomó la decisión de dejar de crecer desde los tres años, el que rompía los cristales con sus gritos y llega a adulto siendo un "freak"

Con respecto a que la historia es epiléptica, entiendo que se la pasa convulsionando, y habría que hacer un repaso de la misma y no de una historia aliñada que nos quieren vender hoy en día. Que si Bolívar era negro, será que los pintores eran daltónicos; que si Colón odiaba a los indígenas, cuando éste creyó haber llegado a la India; que si envenenaron a Bolívar, que si tal barbudo es un héroe nacional. Esa no es la historia que aprendí y que se encuentra documentada. Parece ser que hay otros intereses en cambiar los hechos constatados, a base de siembra de odios. En vez de rescatar otros hechos positivos del pasado como el caso de que el origen del Quijote pueda basarse en un personaje que vivió en Caracas, o que la música del himno nacional se basa en una canción de cuna que nunca cantaron los guerreros independentistas y que la letra es de Don Andrés Bello.
El punto de todo esto es hacer notar y de alertar a los noveles escritores de que no se desanimen porque aquí hay mucho material para escribir, basado en las afirmaciones de Grass, quien también apostilla:
"Veo ya niños, hartos de televisión y aburridos de juegos informáticos"; niños que se aíslan con un libro y "se abandonan a la atracción de la historia narrada"; niños que se imaginan "más de cien páginas y leen algo muy distinto de lo que aparece en negro sobre blanco", porque eso es "lo que caracteriza al ser humano.

De ser esto cierto, entonces tenemos muchos más motivos para escribir y menos miedo o fobia al Internet.
Hay varios síntomas que todavía perduran de la historia epiléptica: resistencia al cambio, tanto de un bando como del otro; la ley del mínimo esfuerzo, o sea que es mejor estar en un chinchorro y ganar billetes a costilla de otros bobos , que ganar el pan por culpa de la maldición de Adán; el echarle la culpa a otros de lo que yo represento, que si mi religión es la mejor, que si mi partido político es el mejor y utilizo como arma el mismo argumento que critico; la ley del más fuerte, siendo el más fuerte el que tiene más armas.

Cuando los que escribimos nos deslastremos de esas sequelas, que no son más que falsas concepciones, entonces lo producido será algo positivo que no dé cabida a envidias porque las ideas son infinitas, ni dé cabida a la indiferencia porque esto te toca de una u otra manera.

Colabora y deja tu desidia. Sí, tú, particularmente para quien este blog se abrió.

Entiéndase por colaboración leer esto... por lo menos.

27 may. 2008

Lluvia ácida sobre la pequeña ciudad

Algunas personas cuando me preguntan que cuando me inicié en la literatura, me dejan pensando... porque la primera vez que escribí un cuento, Acid Rain Over the Small City , lo hice en idioma inglés para cursar una materia que me obligaron a tomar. En aquel entonces la diosa me tocó ya que este cuento fue seleccionado y publicado en una revista literaria de La Casa de la Cultura de aquella universidad Case Western Reserve University en Cleveland. Menciono esto porque en ese entonces cursaba una maestría en biomédica y había leído muy poco sobre literatura. Los cuentos en cada idioma son diferentes gramaticalmente, en su estructura y en su significado, sin embargo trato de hacer una traducción lo más fiel posible. Es un cuento muy sencillo y muy lineal. Después de este cuento no escribí más literatura, porque me dediqué a la parte científica y académica para vivir, hasta hace tres años... y con mi único libro escrito -la diosa volvió a tocarme y a recordarme que este es mi camino- logré ganarme su publicación.
A continuación presento aquel cuento. Es una historia de amor juvenil, el primer amor...

Lluvia ácida sobre la pequeña ciudad. (1991)
Traducción del inglés por el autor Henrique Albornoz Miliani


Apenas entrando a “La Pequeña Ciudad” se siente un cambio de ambiente: afuera, la madre naturaleza domina sobre el artificioso mundo; adentro, es todo lo contrario. Afuera, más allá de la puerta del night club, un pequeño niño descalzo con tristes ojos marrones trata de ganar algo de dinero “custodiando” los vehículos de los clientes. No solamente ha perdido sus zapatos, sino indudablemente también a sus padres: extraviados entre el alcohol y la prostitución que hostigan a esta región. Me pregunto que pudiera él hacer ante un auténtico ladrón de carros.
Si bien el local se encuentra en la provincia, en la zona llanera, adentro, hace honor a su citadino nombre. Un denso smog de cigarrillos, que dificulta la respiración, se adhiere a todo lo que toca: ropas, cabellos, pieles; incluso narices que pronto aprenden a dejarlo pasar inadvertido. El informe del tiempo de esta mañana no dijo nada acerca de esta ola de calor aquí adentro. Una antigua rockola escupe una canción muy vieja que no se ajusta con los rayos multicolores que fluyen por encima de ella: una esfera rotatoria forrada con múltiples mini espejos es el objetivo de tres haces luminosos de colores rojo, amarillo y verde respectivamente. El efecto de estas radiantes reflexiones parece transformar el sitio en una ciudad de neón y de repente... uno se siente como si estuviera atrapado en el tráfico ciudadano. Las luces están sorprendentemente guiadas por manos expertas, puede que por algún desempleado profesional ─un ingeniero, o un abogado─, muy común por estos lugares hoy en día. La decoración te hace recordar a una gran ciudad: improvisación versus planificación. En una mesa hacia el fondo del local, un hombre comparte su soledad con una botella de ron Colonial1, el más barato en el menú de bebidas. Alguien podría rememorar a aquel borracho solitario que bebía porque deseaba olvidarse de la vergüenza producida por la bebida, del cuento “El Principito” de Exupery.
¿Será este hombre sentado en aquella mesa de La Pequeña Ciudad una analogía de un indigente callejero? Sentados al frente de la barra del bar, cláxones humanos compiten con la máquina musical al emitir sus estridentes mensajes: los cornetazos y los frenazos del tráfico. Sin embargo, aquí, la gente no se encuentra desesperada como en la verdadera calle. O al menos parece ser de esa manera. En la barra un grupo de muchachos “sifrinos” de clase media ─uno de ellos semejante a un cuerpo atado a un bigote─ dirigen sus miradas de vez en vez hacia una joven pareja sentada en la mesa número 12 y se carcajean. Bajo mirada casual esta pareja pasaría desapercibida, como el humo aquí adentro; pero, al reflejo de las luces se acentúa el contraste existente entre los dos.
La mujer oculta su cara juvenil detrás de una capa azul oscura de maquillaje. Sus pestañas intentan tocar, en vano, a una tenue serpiente azul oscura ─una sinuosa cicatriz delgada. Esta culebra serpentea a través de su ceja derecha, posiblemente un regalito de algún “amigo” celoso. Su cabello pálido muta de color al compás de las “luces del tráfico” y las piedras en sus orejas envían la luz de regreso al globo de espejos. Sus profundos ojos examinan al mundo como si le perteneciera. A pesar de su juventud, demuestra gran auto confianza, aparentemente obtenida por su especial trabajo: un empleo muy buen remunerado, pero que también deja profundas huellas. Sin embargo, cuando ella sonríe, su cara adquiere una sombra de pasada inocencia.
Frente a ella, un joven de cara colorada luce verdaderamente interesado por la chica. Una marca en su nariz y un parpadeo constante indican una vergonzosa miopía: un estudiante en la Ciudad. Su desordenado cabello corto parece haber reñido con el peine, sin embargo, luce aseado. Su rostro se encuentra pulcramente afeitado, muy extraño en este lugar donde casi todos los varones se dejan el pelo facial. Su cara revela las características líneas de expresión de un atleta sobre-entrenado: flácidos cachetes con ligeras comisuras, pero de ojos francos. Sin embargo, los frunces parecen sonrientes, confiriéndole un rostro de apariencia agradable. Es poco usual ver a un atleta en “La Ciudad”. A medida que la pareja conversa, la cara de la dama adquiere una apariencia de expresión frágil y la desprejuiciada cara del joven se torna en la de un hombre serio, los cuerpos se acercan más y las manos se tocan más frecuentemente.
Ahora, la “caja musical” se torna simpática con una melodía muy lenta. La luz se trueca blanca e irregularmente golpea a la esfera, como la canción de los grillos a los oídos del niño descalzo. El anhelado tiempo para la pareja al fin ha arribado; se levantan y se dirigen hacia “la plaza” de la Ciudad. La chaqueta de cuero negro del joven ─la última moda─ contrasta con el vestido rojo brillante de la muchacha. El corte del vestido deja al descubierto una figura que hasta la misma Afrodita envidiaría. Hugh Hefner pudiera encontrar una nueva “playmate” en la pequeña ciudad. Repentinamente la noche cae en la pequeña metrópoli: una luna blanca artificial se enciende bajo la bóveda, y la ciudad se torna sentimental. A través del smog y la oscuridad es difícil discernir a los muchachos sifrinos, pero carcajadas como ladridos de perro que se sobreponen a la melodía revelan su presencia.
Aunque hay otras parejas en la “plaza”, ninguna despunta como lo hace ésta. La chaqueta negra parece “sangrar” al contactar con el vestido rojo mientras danzan. Obviamente, algo místico ha atrapado a esos cuerpos. La chaqueta continúa sangrando durante tres largas y lentas canciones. Cuando ya deciden regresar a su mesa, un ensombrecido veterano, pero de alguna manera con trazas de adolescente, que se desenvuelve como una versión gastada de Casanova, bloquea el paso de la dama e intenta manosearla. Ella lo conoce, pero hoy se siente muy diferente que de costumbre y le lanza una feroz mirada dándole, seguidamente, la espalda. El Don Juan insiste, pero la dama hábilmente desvía sus manos y lo empuja. El joven, que se había mantenido inmóvil presionando la punta de sus dedos contra sus palmas, se adelanta; sin embargo, el portero, un pequeño Hulk, interfiere a su segundo paso y conduce fuera del recinto, tomándolo por la nariz, al “serafín” de cabello gris. La muchacha le dice algo al joven y al Hulk y ellos continúan como si nada hubiera pasado. La niña-mujer hace recordar a uno esa frase de Mark Twain acerca de la sobreestimación de la experiencia, cuando citó: “Nosotros no deberíamos actuar como el gato que se sienta sobre una estufa caliente. El gato no se sentará más nunca en otra estufa caliente y eso está bien: sin embargo, el gato no se sentará en una estufa fría tampoco, y eso está mal. Así que nosotros deberíamos extraer el verdadero conocimiento de cualquier experiencia.” Ella sabe muy bien como hacer esto. Es raro no haber escuchado los ladridos y los chillidos desde la barra del bar; pero, los perros se encuentran jugando con otro hueso: tres mujeres se encuentran conversando con los “burguesitos”. Estas mujeres visten muy diferente que aquellas que esta tarde se encontraban parloteando afuera, cerca de la iglesia; pero, probablemente, sus necesidades básicas son idénticas.
Inesperadamente la música plástica se transforma, así como las luces locas también lo hacen. Un hombre de traje negro con una corbata estilo Mickey Mouse aparece en la barra del bar, mueve sus labios y las mujeres lo siguen, como los pollitos a mamá gallina. Él actúa como si fuera el pez grande de la pequeña ciudad. “El pez grande se come a los peces chicos”, así que los muchachos de la barra tienen que buscar a otro hueso que roer. El trajeado interrumpe la música, las luces se encienden en la “plaza”, y presenta a un grupo popular que interpreta música criolla. Los integrantes, uno a uno, emergen del lado oscuro de la ciudad ejecutando sus instrumentos. Cuatro, arpa, maracas, tambores de cuero de cabra y un bajo ─el toque moderno─ , entregan sus notas. Finalmente hace su aparición un cantante flaquillo, que parece un mosquito envuelto entre sábanas blancas ya que usa un liki liki, expeliendo un aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah con sonido nasal. Tiene una huella, parecida al frenazo de una bicicleta, encima de su boca pretendiendo ser un bigote; sin embargo, posee una voz potente. Seguidamente el grupo comienza a interpretar una versión de Caballo Viejo: una canción sobre un hombre viejo que le declara su amor a una joven mujer donde el autor utiliza imágenes propias de la sabana venezolana para expresar su narración. El cantante se compara a sí mismo con un caballo viejo y a la muchacha con una potranca que se ven envueltos en un pretendido amorío en un escenario llanero. La frase “quererse no tiene horario ni fecha en el calendario” define la canción.
Mientras los músicos hacen gala de su presentación, la joven pareja deja la mesa para dirigirse al “parque” de la pequeña ciudad: un local con matas naturales y artificiales situado en el segundo piso. Traspasan una puerta y desaparecen del contaminado lugar.
Al finalizar la canción, la audiencia se levanta de sus sillas y repite la ultima frase: “porque después de esta vida no hay otra oportunidad”. . Una veloz mano con uñas sucias, aprovechándose del desbarajuste, escamotea una botella de whiskey de una mesa vecina. Esa mano pertenece a un tipo (esa clase que causa los prejuicios contra de los honestos latinoamericanos en otros países) de una apariencia tan mugrosa como sus uñas. Pero, desafortunadamente para él, no es una buena oportunidad porque el propietario de la botella ve su acto. Cuando el truhán regresa a su mesa, siente un toqueteo sobre su hombro izquierdo antes de discernir que un “jab” se estrella en su nariz. Una rumba de golpes toma la escena. El “Traje” chasquea sus dedos y el Hulk y otro individuo arquetipo Charles Atlas controlan la situación antes de que la gente se marche del lugar. El bandido está sangrando por la nariz, y sus compinches probablemente lo llevarán al hospital más cercano ─afortunadamente, en esta región uno puede obtener asistencia médica si se tiene o no seguro.
Inmediatamente, un mesonero le trae una nueva botella de whiskey al propietario, que se siente complacido de nuevo. En la ciudad se puede encontrar a cualquier tipo de persona. Si tú buscas a un hombre loco, tú puedes encontrar uno, dos... o más.
Después de la confrontación las cosas siguen su curso y el grupo musical continúa interpretando su repertorio. La pareja, que se había marchado muy entusiasta anteriormente, ahora regresa muy triste. Obviamente, algo ha pasado. Ellos han descubierto que su relación no puede durar por más tiempo. El muchacho parece decepcionado y la muchacha encubre sus sentimientos detrás de su maquillaje. Su cara parece inexpresiva, tratando de ser fría y dura; pero, las brillantes y dilatadas pupilas en sus ojos revelan lo contrario. El muchacho también percibe esto, pero él sabe que sus afinidades no son posibles. Su razón se sobrepone a su emoción. Glacialmente, la chica le da la espalda al muchacho. Él se la queda mirando mientras ella se dirige hacia la mesa... y no puede detener dos lágrimas que escapando de sus ojos caen al piso. Parece que la lluvia ácida ha comenzado a caer sobre la pequeña ciudad. El joven reacciona y camina hacia la barra. La cartera en su bolsillo tiene el mismo espesor que antes. Los sifrinos le dan la bienvenida de la misma manera que el primer astronauta fue saludado después de su vuelo orbital. Una falsa sonrisa, como la del político saludando a su oponente, aparece en sus labios. Toma la cerveza que le ofrecen sus amigos, mientras se seca sus ojos con la manga de su chaqueta. Quizá les esté diciendo que es el humo del cigarrillo que lo hace llorar.
Cuando la muchacha camina, su esencia puede ser percibida a pesar de los humos del lugar, y la gente voltea a mirarla. “El Traje” bloquea su recorrido y chasquea una orden, pero la chica quiere marcharse a otro lugar. Ignorado, el “Traje” empalidece y la hala hacia él; ella girando lo golpea con su bolso rojo. Hombre y bolso vuelan dos metros lejos. Ella dice algunas palabras moviendo sus manos como si le estuviera regresando algo. Recoge unas llaves del piso y camina hacia la puerta de entrada. Algunas muchachas, amigas de ella, aplauden cuando ella deja la “Ciudad”. Ninguno de entre la multitud de la barra ha notado la escena. En la puerta voltea su cabeza hacia la barra tratando de visualizar la bien conocida chaqueta negra,... y una gota brillante corretea a lo largo de su cachete ─“la lluvia ácida sobre la pequeña ciudad” comienza de nuevo. La muchacha se dirige al lugar donde la luna auténtica brilla en la bóveda y los grillos cantan para el niño descalzo.
A través de la ventana puedo ver cuando ella entra en el Mercedes, le da algo de dinero al pequeño hombre-niño, enciende el automóvil y avanza como unos cincuenta metros antes de detenerse y conducir de regreso. Quizás olvidó recoger su bolso rojo. Repentinamente, se aparece en la puerta se dirige directamente hacia la barra del bar. Ella toca la espalda de su inolvidable nuevo amigo y, como una niñita con su peluche nuevo, lo abraza. El muchacho devuelve el abrazo y los sifrinos parecen sorprenderse cuando su amigo se va hacia la puerta con la atractiva mujer. La chica se detiene en la entrada, se quita sus tacones y le sacude el polvo a las suelas como si lo retornara a la ciudad. Afuera, la pareja aborda el carro y desaparecen de “la pequeña ciudad”, que prosigue con su habitual ritmo demencial.

24 may. 2008

Diles que no me maten.

Escribo esta entrada para hacer un llamado literario al raciocinio ante la matazón vivida, valga la paradoja, en Caracas. El que a hierro mata a hierro muere... pero hay tantos inocentes que mueren sin saber la razón de porqué nacieron. ¿se convertirán en fantasmas felices? Solamente pierden la vida entre 40 y 80 seres --para el momento de esta publicación 2005, ahora diez años más tarde se pierde la cuenta también--  en esta capital durante los llamados "happy weekends". ¿Son culpables o "not guilties"? ¿de qué? Eso lo sabe Dios que todo lo ve sentado en una nube; y ¿qué hacen los responsables al respecto para impartir justicia humana? ¿No será su desidia también cómplice de tanto crimen? ¿o esa su intención?
A propósito ¿cuántos mueren de los que están en guerra en Irak los fines de semana? En este cuento el personaje ya sabe lo que le espera como consecuencia de una ley de causa y efecto; pero ¿qué de los de aquí?

https://www.youtube.com/watch?v=tgD_gH_ExhY





JUAN RULFO
-¡Diles que no me maten!-¡Diles que no me maten, Justino! Anda, vete a decirles eso. Que por caridad. Así diles. Diles que lo hagan por caridad.
-No puedo. Hay allí un sargento que no quiere oír hablar nada de ti.
-Haz que te oiga. Date tus mañas y dile que para sustos ya ha estado bueno. Dile que lo haga por caridad de Dios.
-No se trata de sustos. Parece que te van a matar de a de veras. Y yo ya no quiero volver allá.
-Anda otra vez. Solamente otra vez, a ver qué consigues.
-No. No tengo ganas de eso, yo soy tu hijo. Y si voy mucho con ellos, acabarán por saber quién soy y les dará por afusilarme a mí también. Es mejor dejar las cosas de este tamaño.
-Anda, Justino. Diles que tengan tantita lástima de mí. Nomás eso diles.
Justino apretó los dientes y movió la cabeza diciendo:
-No.
Y siguió sacudiendo la cabeza durante mucho rato. Justino se levantó de la pila de piedras en que estaba sentado y caminó hasta la puerta del corral. Luego se dio vuelta para decir:
-Voy, pues. Pero si de perdida me afusilan a mí también, ¿quién cuidará de mi mujer y de los hijos?
-La Providencia, Justino. Ella se encargará de ellos. Ocúpate de ir allá y ver qué cosas haces por mí.
Eso es lo que urge. Lo habían traído de madrugada. Y ahora era ya entrada la mañana y él seguía todavía allí, amarrado a un horcón, esperando. No se podía estar quieto. Había hecho el intento de dormir un rato para apaciguarse, pero el sueño se le había ido. También se le había ido el hambre. No tenía ganas de nada. Sólo de vivir. Ahora que sabía bien a bien que lo iban a matar, le habían entrado unas ganas tan grandes de vivir como sólo las puede sentir un recién resucitado. Quién le iba a decir que volvería aquel asunto tan viejo, tan rancio, tan enterrado como creía que estaba. Aquel asunto de cuando tuvo que matar a don Lupe. No nada más por nomás, como quisieron hacerle ver los de Alima, sino porque tuvo sus razones. Él se acordaba:

Don Lupe Terreros, el dueño de la Puerta de Piedra, por más señas su compadre. Al que él, Juvencio Nava, tuvo que matar por eso; por ser el dueño de la Puerta de Piedra y que, siendo también su compadre, le negó el pasto para sus animales. Primero se aguantó por puro compromiso. Pero después, cuando la sequía, en que vio cómo se le morían uno tras otro sus animales hostigados por el hambre y que su compadre don Lupe seguía negándole la yerba de sus potreros, entonces fue cuando se puso a romper la cerca y a arrear la bola de animales flacos hasta las paraneras para que se hartaran de comer. Y eso no le había gustado a don Lupe, que mandó tapar otra vez la cerca para que él, Juvencio Nava, le volviera a abrir otra vez el agujero. Así, de día se tapaba el agujero y de noche se volvía a abrir, mientras el ganado estaba allí, siempre pegado a la cerca, siempre esperando; aquel ganado suyo que antes nomás se vivía oliendo el pasto sin poder probarlo.
Y él, y don Lupe alegaban y volvían a alegar sin llegar a ponerse de acuerdo. Hasta que una vez don Lupe le dijo:
-Mira, Juvencio, otro animal más que metas al potrero y te lo mato.
Y él contestó:
-Mire, don Lupe, yo no tengo la culpa de que los animales busquen su acomodo. Ellos son inocentes. Ahí se lo haiga si me los mata.
"Y me mató un novillo. "
Esto pasó hace treinta y cinco años, por marzo, porque ya en abril andaba yo en el monte, corriendo del exhorto. No me valieron ni las diez vacas que le di al juez, ni el embargo de mi casa para pagarle la salida de la cárcel. Todavía después, se pagaron con lo que quedaba nomás por no perseguirme, aunque de todos modos me perseguían. Por eso me vine a vivir junto con mi hijo a este otro terrenito que yo tenía y que se nombra Palo de Venado. Y mi hijo creció y se casó con la nuera Ignacia y tuvo ya ocho hijos. Así que la cosa ya va para viejo, y según eso debería estar olvidada. Pero, según eso, no lo está.
"Yo entonces calculé que con unos cien pesos quedaba arreglado todo. El difunto don Lupe era solo, solamente con su mujer y los dos muchachitos todavía de a gatas. Y la viuda pronto murió también dizque de pena. Y a los muchachitos se los llevaron lejos, donde unos parientes. Así que, por parte de ellos, no había que tener miedo.
"Pero los demás se atuvieron a que yo andaba exhortado y enjuiciado para asustarme y seguir robándome. Cada que llegaba alguien al pueblo me avisaban:
"-Por ahí andan unos fureños, Juvencio.
"Y yo echaba pal monte, entreverándome entre los madroños y pasándome los días comiendo verdolagas. A veces tenía que salir a la media noche, como si me fueran correteando los perros. Eso duró toda la vida . No fue un año ni dos. Fue toda la vida."
Y ahora habían ido por él, cuando no esperaba ya a nadie, confiado en el olvido en que lo tenía la gente; creyendo que al menos sus últimos días los pasaría tranquilos.
"Al menos esto -pensó- conseguiré con estar viejo. Me dejarán en paz".
Se había dado a esta esperanza por entero. Por eso era que le costaba trabajo imaginar morir así, de repente, a estas alturas de su vida, después de tanto pelear para librarse de la muerte; de haberse pasado su mejor tiempo tirando de un lado para otro arrastrado por los sobresaltos y cuando su cuerpo había acabado por ser un puro pellejo correoso curtido por los malos días en que tuvo que andar escondiéndose de todos.
Por si acaso, ¿no había dejado hasta que se le fuera su mujer? Aquel día en que amaneció con la nueva de que su mujer se le había ido, ni siquiera le pasó por la cabeza la intención de salir a buscarla. Dejó que se fuera sin indagar para nada ni con quién ni para dónde, con tal de no bajar al pueblo. Dejó que se le fuera como se le había ido todo lo demás, sin meter las manos. Ya lo único que le quedaba para cuidar era la vida, y ésta la conservaría a como diera lugar. No podía dejar que lo mataran. No podía. Mucho menos ahora.
Pero para eso lo habían traído de allá, de Palo de Venado. No necesitaron amarrarlo para que los siguiera. Él anduvo solo, únicamente maniatado por el miedo. Ellos se dieron cuenta de que no podía correr con aquel cuerpo viejo, con aquellas piernas flacas como sicuas secas, acalambradas por el miedo de morir. Porque a eso iba. A morir. Se lo dijeron.
Desde entonces lo supo. Comenzó a sentir esa comezón en el estómago que le llegaba de pronto siempre que veía de cerca la muerte y que le sacaba el ansia por los ojos, y que le hinchaba la boca con aquellos buches de agua agria que tenía que tragarse sin querer. Y esa cosa que le hacía los pies pesados mientras su cabeza se le ablandaba y el corazón le pegaba con todas sus fuerzas en las costillas. No, no podía acostumbrarse a la idea de que lo mataran.Tenía que haber alguna esperanza.
En algún lugar podría aún quedar alguna esperanza. Tal vez ellos se hubieran equivocado. Quizá buscaban a otro Juvencio Nava y no al Juvencio Nava que era él.
Caminó entre aquellos hombres en silencio, con los brazos caídos. La madrugada era oscura, sin estrellas. El viento soplaba despacio, se llevaba la tierra seca y traía más, llena de ese olor como de orines que tiene el polvo de los caminos.
Sus ojos, que se habían apenuscado con los años, venían viendo la tierra, aquí, debajo de sus pies, a pesar de la oscuridad. Allí en la tierra estaba toda su vida. Sesenta años de vivir sobre de ella, de encerrarla entre sus manos, de haberla probado como se prueba el sabor de la carne. Se vino largo rato desmenuzándola con los ojos, saboreando cada pedazo como si fuera el último, sabiendo casi que sería el último.
Luego, como queriendo decir algo, miraba a los hombres que iban junto a él. Iba a decirles que lo soltaran, que lo dejaran que se fuera: "Yo no le he hecho daño a nadie, muchachos", iba a decirles, pero se quedaba callado. " Más adelantito se los diré", pensaba. Y sólo los veía. Podía hasta imaginar que eran sus amigos; pero no quería hacerlo. No lo eran. No sabía quiénes eran. Los veía a su lado ladeándose y agachándose de vez en cuando para ver por dónde seguía el camino.
Los había visto por primera vez al pardear de la tarde, en esa hora desteñida en que todo parece chamuscado. Habían atravesado los surcos pisando la milpa tierna. Y él había bajado a eso: a decirles que allí estaba comenzando a crecer la milpa. Pero ellos no se detuvieron.
Los había visto con tiempo. Siempre tuvo la suerte de ver con tiempo todo. Pudo haberse escondido, caminar unas cuantas horas por el cerro mientras ellos se iban y después volver a bajar.
Al fin y al cabo la milpa no se lograría de ningún modo. Ya era tiempo de que hubieran venido las aguas y las aguas no aparecían y la milpa comenzaba a marchitarse. No tardaría en estar seca del todo. Así que ni valía la pena de haber bajado; haberse metido entre aquellos hombres como en un agujero, para ya no volver a salir.
Y ahora seguía junto a ellos, aguantándose las ganas de decirles que lo soltaran. No les veía la cara; sólo veía los bultos que se repegaban o se separaban de él. De manera que cuando se puso a hablar, no supo si lo habían oído.
Dijo:-Yo nunca le he hecho daño a nadie -eso dijo. Pero nada cambió. Ninguno de los bultos pareció darse cuenta. Las caras no se volvieron a verlo. Siguieron igual, como si hubieran venido dormidos.
Entonces pensó que no tenía nada más que decir, que tendría que buscar la esperanza en algún otro lado. Dejó caer otra vez los brazos y entró en las primeras casas del pueblo en medio de aquellos cuatro hombres oscurecidos por el color negro de la noche.
-Mi coronel, aquí está el hombre.
Se habían detenido delante del boquete de la puerta. Él, con el sombrero en la mano, por respeto, esperando ver salir a alguien.
Pero sólo salió la voz:
-¿Cuál hombre? -preguntaron.
-El de Palo de Venado, mi coronel. El que usted nos mandó a traer.
-Pregúntale que si ha vivido alguna vez en Alima -volvió a decir la voz de allá adentro.
-¡Ey, tú ¿Que si has habitado en Alima? -repitió la pregunta el sargento que estaba frente a él.
-Sí. Dile al coronel que de allá mismo soy. Y que allí he vivido hasta hace poco.
-Pregúntale que si conoció a Guadalupe Terreros.
-Que dizque si conociste a Guadalupe Terreros.
-¿A don Lupe? Sí. Dile que sí lo conocí. Ya murió.
Entonces la voz de allá adentro cambió de tono:
-Ya sé que murió -dijo- Y siguió hablando como si platicara con alguien allá, al otro lado de la pared de carrizos:
-Guadalupe Terreros era mi padre. Cuando crecí y lo busqué me dijeron que estaba muerto. Es algo difícil crecer sabiendo que la cosa de donde podemos agarrarnos para enraizar está muerta. Con nosotros, eso pasó.
"Luego supe que lo habían matado a machetazos, clavándole después una pica de buey en el estómago. Me contaron que duró más de dos días perdido y que, cuando lo encontraron tirado en un arroyo, todavía estaba agonizando y pidiendo el encargo de que le cuidaran a su familia.
"Esto, con el tiempo, parece olvidarse. Uno trata de olvidarlo. Lo que no se olvida es llegar a saber que el que hizo aquello está aún vivo, alimentando su alma podrida con la ilusión de la vida eterna. No podría perdonar a ése, aunque no lo conozco; pero el hecho de que se haya puesto en el lugar donde yo sé que está, me da ánimos para acabar con él. No puedo perdonarle que siga viviendo. No debía haber nacido nunca".
Desde acá, desde fuera, se oyó bien claro cuando dijo. Después ordenó:
-¡Llévenselo y amárrenlo un rato, para que padezca, y luego fusílenlo!
-¡Mírame, coronel! -pidió él-. Ya no valgo nada. No tardaré en morirme solito, derrengado de viejo. ¡No me mates...!
-¡Llévenselo! -volvió a decir la voz de adentro.
-...Ya he pagado, coronel. He pagado muchas veces. Todo me lo quitaron. Me castigaron de muchos modos. Me he pasado cosa de cuarenta años escondido como un apestado, siempre con el pálpito de que en cualquier rato me matarían. No merezco morir así, coronel. Déjame que, al menos, el Señor me perdone. ¡No me mates! ¡Diles que no me maten!.
Estaba allí, como si lo hubieran golpeado, sacudiendo su sombrero contra la tierra.
Gritando.
En seguida la voz de allá adentro dijo:
-Amárrenlo y denle algo de beber hasta que se emborrache para que no le duelan los tiros.
Ahora, por fin, se había apaciguado. Estaba allí arrinconado al pie del horcón. Había venido su hijo Justino y su hijo Justino se había ido y había vuelto y ahora otra vez venía.Lo echó encima del burro. Lo apretaló bien apretado al aparejo para que no se fuese a caer por el camino. Le metió su cabeza dentro de un costal para que no diera mala impresión. Y luego le hizo pelos al burro y se fueron, arrebiatados, de prisa, para llegar a Palo de Venado todavía con tiempo para arreglar el velorio del difunto.
-Tu nuera y los nietos te extrañarán -iba diciéndole-. Te mirarán a la cara y creerán que no eres tú. Se les afigurará que te ha comido el coyote cuando te vean con esa cara tan llena de boquetes por tanto tiro de gracia como te dieron.

¿Cree que los talleres literarios...

¿Cree que los talleres literarios ayuden a mejorar la escritura?


El resultado de la encuesta ya cerrada con un total de 10 votos dio un resultado positivo

1) Por supuesto que sí ......................................... 2 votos
2) Para nada ................................................... 0 votos
3) Depende del interés personal ................................ 6 votos
4) Depende del moderador ....................................... 2 votos

Los pocos que votaron piensan que el mejoramiento en la escritura en su mayoría depende, lógicamente, del interés personal.
Otros no lo discuten y de cualquier manera creen que siempre se aprende en un taller por medio del compartir. Otros piensan que el moderador tiene su cuota de participación en el proceso de enseñanza.
A proposito de encuestas, he estado haciendo un sondeo de algunos blogs y he notado que muy pocas personas dejan comentarios, incluso en buenas entradas.
Las páginas más visitadas son las que tratan de cómo hacer dinero a través de la red, las que tienen que ver con los blogs como tal, y las que tratan de temas políticos y de cuchicheo, o sea de chismes faranduleros. Por supuesto, ni falta hace mencionar las referentes al tema sexual.

Así que propongo otra encuesta para conocer el porqué de estos resultados en los comentarios.
Haz tu propuesta dando tu comentario. Por supuesto que el hecho de no responder es un comentario.

20 may. 2008

Corazón Indígena






Los integrantes del grupo Sacacorcho comienzan a manifestarse. Mirna Querecuto envió lo siguiente:

Corazón Indígena.

Amo mi locura que me vacuna contra la estupidez, amo el amor que me inmuniza ante la infelicidad que pulula por doquier, infectando almas y atrofiando corazones. El amor es, a nivel sutil, la esencia de nuestra instancia inmunológica. Sin amor, el síndrome de inmunodeficiencia será adquirido inevitablemente y ello es mortal.

Desde mi corazón indígena sospecho que ser infeliz es una evasión. ¿Cuán fácil es hacer tonterías en este mundo moderno! Sospecho que el hombre empezó a equivocarse hace mucho tiempo, es decir que ya es tiempo de rectificar la marcha, y reorientando el paso, retomar la sagrada senda del sol. No es posible llegar a nuestro sitio sin trascender el egoísmo; no es posible acceder a la vida plena sin haberse purgado previamente de miedos y temores. La gente está tan acostumbrada a complicarse, que rechaza de antemano la simplicidad; la gente está tan acostumbrada a ser infeliz, que
la sensación de felicidad les resulta sospechosa; la gente está tan reprimida, que la espontánea ternura le incomoda y el amor le inspira desconfianza.

Mirna.

16 may. 2008

¿El final abierto o final cerrado en el cuento?

EL EXPRESO
Nadie quería decirle a qué hora pasaría el tren. Le veían tan cargados de maletas, que les daba pena explicarle que allí no había habido nunca ni vías ni estación.
Pere Calders



El cuento es uno de los géneros, según muchos críticos literarios, más dificil de lograr. La mayoría de los escritores comienzan escribiendo novelas y terminan con los cuentos. En nuestro país ocurre lo contrario. Muchos nos iniciamos con cuentos y después nos integramos con mayor cantidad de personajes protagonistas, tramas y un mayor número de páginas por escribir. Todavía no encuentro ese punto donde se llega al límite: cuando el cuento deja de ser él para convertirse en novela. En el taller escuché cierta vez, comparando con el boxeo, que un cuento termina con un knockout fulminante y la novela con un knockout técnico.
Ahora viene la pregunta ¿cuál es el mejor desenlace para un cuento? ¿Un final cerrado, prácticamente pronosticado por el escritor o un final abierto dónde el lector extienda la historia a su gusto?
Pere Calders, considerado uno de los mejores cuentistas de la literatura catalana, abogaba por los finales abiertos tal como se puede escrutar en el prólogo de Ruleta rusa y otros cuentos.
En su nota bibliográfica ya lo deja ver:
Me llamo Pere y dos apellidos más. Nací anteayer y ya estamos en pasado mañana. Ahora solo pienso en cómo pasaré el fin de semana.

Calders explicaba que los finales cerrados están más presentes en la cuentística realista, aquella que se traza bajo un planteamiento, nudo y desenlace sin fisuras: “En los vericuetos de la vida, cada episodio que se cierra significa que acto seguido empieza otro, el cual hereda sus consecuencias".
“Si acepta el juego, siempre le quedará un desafío después de la lectura, una invitación a pensar en soluciones por cuenta propia que le permitan adaptar las salidas a sus preferencias personales. El cuento es un magnífico instrumento para este ejercicio mental. Considero que es conveniente tenerlo presente a la hora de abrir cualquier libro de narraciones breves”, expresaba Calders.
Abajo varios ejemplos de sus cuentos


OBCECACIÓN
Entre ir al cielo o quedarse en casa, prefirió lo último, pese al poder de la propaganda contraria, y del hecho de que en su casa había goteras y muchas y muy variadas privaciones.

VENIMOS DEL POLVO
Excavaron enfrente de su casa. No querían decirle si hacían una piscina o la base de una glorieta. "Se trata de una sorpresa", respondían a cada una de sus preguntas. Y lo fue, porque cuando completaron las medidas le dieron aquello que se llama cristiana sepultura.

EL ESPEJO DEL ALMA
No nos habíamos visto nunca, en ningún sitio, en ninguna ocasión, pero se parecía tanto a un vecino mío que me saludó cordialmente: él también se había confundido.

En los relatos cortos es muy acertado el planteamiento de Calders; sin embargo, en narrativa el escritor es quien decide las reglas del juego en asuntos técnicos, muchas veces un excelente cuento necesita de un final cerrado.

Definitivamente, mientras más nos adentramos en el mundo de la literatura más sorpresas nos encontramos. No pocas veces sabemos ni que leer entre tantas obras o que escribir de entre tantas ideas. Desde mi criterio lo más acertado sería leer lo que nos cause emoción aunado a una buena recomendación, y escribir lo que nos cause gusto siendo originales...
sin embargo, al mismo tiempo, para llegar a dominar el ejercicio de la escritura debe antes realizarse una selecta lectura de las fuentes que remiten a su compleja creación literaria.

10 may. 2008

Crea tu futuro con visualización

Iván Querales, un amigo escritor, ecologista, luchador y visualizador me envió un video con la voz de Louis Armstrong motivante a querer a nuestra madre Tierra y felicitarla en el día de las madres.



Igualmente, me recomendó un link de un sitio donde uno puede hacer su video personal con imágenes y música para visualizar metas personales. El sitio se llama Mind Movies.

8 may. 2008

El minicuento


Mi amiga Melbis Guzmán de la Casa Nacional de las Letras me envió un enlace para una página que tiene valiosa información para los que escribimos. Se llama Aviondepapel. com Amigo del grupo Sacacorcho colabora tú también con este blog.

A continuación extraje un artículo de esa página web para los que gustan de la escritura breve. El dibujo adaptado es de su pana aquí presente



Apenas una línea, no más de unos párrafos, una página como límite. El minicuento como género literario se ensambla entre la brevedad del cuento y la rotundidad del aforismo.
Entre los grandes autores que han sobrevolado este tipo de narrativa encontramos a Julio Cortázar y sus historias a vuela página, la economía del mexicano Juan José Arreola o el colmo de la brevedad, con Augusto Monterroso.
Este último es el autor del fragmento más pequeño y más famoso de la literatura. Un día, Monterroso escribió El dinosaurio con tan sólo siete palabras:
"Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba ahí".
El minicuento es, por tanto, un texto literario de muy pocas líneas que, por la brevedad y precisión en su vocabulario, crea la intensidad suficiente para turbar al lector.
Los orígenes de este género están en la cultura popular, el folklore o las leyendas. Son historias que se han ido transmitiendo de boca en boca y que llegan a la literatura con forma y estilo propios.
Quien desee sobrevolar por la estrechez de la escritura debe conocer a fondo el fuselaje de este tipo de aeroplanos.
El minicuento, normalmente, empieza y acaba con el mismo sujeto gramatical. Lo que lo diferencia de su hermano mayor (el cuento o el relato) es que toca un único hecho narrativo muy visual, que va más allá de la anécdota. No explica un suceso, sino que sintetiza y sugiere un acontecimiento a partir de éste.
Conjuga verbos en pretérito imperfecto para diluir la temporalidad de la acción y jugar con la apenas imperceptible diferencia que existe con el pretérito perfecto.
Pero, además, dentro de la técnica narrativa, el esquema de nudo, desarrollo, desenlace, no funciona. Es demasiado largo para este estilo de contar historias. El minicuento elimina el desarrollo y se apoya en el clímax para generar un desenlace final que provoque pasmo en el lector.
Para explicarlo de alguna forma, es como cuando encendemos una cerilla, primero, un chispazo; luego, la llama se extingue fugaz; y, finalmente, esa quemazón en los dedos...
Para todos aquellos que deseen pilotar por la literatura a bordo de estos aviones ultraligeros, una advertencia desde Aviondepapel.com: el poder del minicuento radica, precisamente, en la longitud que no tiene.


Aviondepapel.com © Todos los derechos reservados

7 may. 2008

The Secret - Planet Earth

Una amiga me envió un mensaje con el siguiente video.



En esta semana Gaia se ha estado manifestando con tornados y volcanes. Èsta es una de sus maneras de decirnos que tenemos un planeta al cual cuidar, muy hermoso, ya que de nuestro transito por éste no nos llevamos nada material sino un aprendizaje. Colaboremos pues para que las generaciones venideras continúen disfrutando de nuestra madre Gaia... y, mínimo, fórmale su peo al que veas lanzando basura en la calle o pateando a algún perro, que de seguro tendrás quien te apoye.

6 may. 2008

Concursos Asociacion de escritores Noveles


Una amiga bruja me refirió al link de una asociacion de escritores
http://www.asociacionescritoresnoveles.es/concursos_literarios.php
donde existen unos concursos de relato corto para el mes de mayo

XII Concurso Internacional de Relato Corto
Fecha límite: 2008/05/31Género: RelatoPremio: Extensión:
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II Premio Luís Adaro de Relato Corto
Fecha límite: 2008/05/01Género: RelatoPremio: 600 €Extensión: Máximo 8 folios
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Además tiene un curso de narrativa
Curso de Relato
Dirigido a: Socios y no socios de AEN, con o sin experiencia en la narración y mundo editorial. Metodología: ...
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2 may. 2008

Moneditas de oro




Esta entrada la escribí después de salir de una reunión etílica literaria y alguién después de leerla me expresó que estaba dolido. ¡¿Y si tú te interesas por el bien común, no te duele también?! Aunque en realidad no sé si estaba dolido ese día, si sé que estaba arrec... porque en otros blogs que visité esa semana, se cuestionaba que dónde estaban los intelectuales de Venezuela, que si tenían miedo, que eran unos jaletis más del régimen o que si se habían marchado del país. Le respondí al joven de unos veinte años, que sí estaban, no pocos, escribiendo, tratando de sacar la literatura adelante; a pesar de la mediocridad existente para que te publiquen, para que tus trabajos sean valorados, para que te reconozcan tus derechos de autor. Comprendí lo que él decía referente a que los organismos públicos son solo un parapeto para justificar un sueldo.
Había suprimido esta entrada porque la idea de este blog es publicar artículos positivos, creativos y que motiven a seguir escribiendo con la idea de publicar un libro.
Hoy la vuelvo a publicar, porque ésta es también una manera de expresarse desde otro estado de malestar, que también es real. Por más que uno sea idealista, no puede cegarse a la realidad cotidiana.



¿Qué puede uno expresar cuando se está en otro estado de conciencia? Como el de meditación, en estado alfa... o en el de estar borracho.
¿QUÉ ES MEJOR SER GRANDE O SER BUENO? Esas son preguntas que uno como escritor debería formularse. Pero ¿qué es ser un escritor? ¿Alguien que escribe "gamelote" pensando que eso es literatura? ¿O alguien que sabe cómo llegar al público, adaptarse a los constantes cambios a que estamos sometidos y al mismo tiempo volcar su corazón y su cerebro sobre el papel o la pantalla?
Espero que la segunda sea la respuesta más acertada.
Ultimamente, afortunada o desafortunadamente, particularmente, me he encontrado con todo tipo de personas. No sé si darle las gracias al régimen o al sistema, status quo, o cualquier nombre que le quieras dar, o a mi mismo, por mantenerme sin un empleo estable porque cierta vez firmé en contra de un individuo que ya cumplió su misión de abrirle los ojos a un sector pudiente de que existe otro que sufre de carencias. Esto me ha empujado a trabajar de artesano o taxista, o salir del país a ser un sudaca y regresarme de nuevo porque tampoco es fácil conseguir un trabajo digno en otras latitudes sin tener tus papeles legales.

Pero, resulta que ahora uno es extranjero en su propia tierra porque uno disiente de algo antidemocrático como, entre muchas otras cosas, quitarle el derecho al trabajo a un sector de la población o el derecho a no seguir como las focas, aplaudiendo al y que líder.

Mi amigo, si alguien es un líder a seguir es a uno mismo y a su conciencia.
Según los gurús de la New Age la palabra Gracias es mágica he incluso trasforma la molécula de agua. Y así lo creo. Vean los trabajos de Masaru Emoto con cristales de agua.

Entonces: le doy gracias al Universo, porque por desempeñar diversas labores he podido ver el país desde otro punto de vista, no profesional, y reconocer que la gente pobre no es ninguna boba sino que se aferra a una balza porque no hay otra y prefiere eso a morir ahogado.
¿Y qué de la clase intelectual? pregunto también, como el joven muchacho del blog.
¿Dónde se metieron?
Medio veo, y es válido, que tienen que satisfacer sus necesidades básicas: una familia que mantener, una seguridad que conservar, un miedo a cambiar. Y por lo tanto no se manifiestan ante un régimen que ha recibido en los últimos años más dinero que los últimos cuatro anteriores y no ha hecho nada por los que aboga sino que retuerce la verdad para convertirla en lazo de unos tontos.
Pero ¿qué tan tonta puede ser la clase pobre venezolana? No creo que sean nada tontos, como opina un gran sector de la oposición, sino que son bastante listos, pilas, vivos, para aceptar esa supuesta limosna que les da el gobierno porque no tienen otra opción. Ni el uno, ni el otro.
Pero en el fondo el país esta cansado de tanta injusticia y se pregunta dónde está Dios, cansado de vivir sin sentido -observen el rostro de la gente en el metro o en el tráfico capitalino, escuchen comentarios sinceros- y no les queda otra de aceptar lo que hay. Así, he aquí el reto de los que pueden ver algo a través del empañado cristal de la realidad como son los intelectuales. ¿Dónde están? El reto es hacer ver que no todo está perdido, que al igual que las células del sistema inmunológico del ser vivo, hay que sacrificarse por el bien común -así deberíamos ser todos-. Los leucocitos mueren para salvar al ser vivo, o sea que cada individuo se sacrifica para mantener vivo al gran ser. ¿Y qué pasa con nosotros? ¿Hasta cúando ese conformismo? Esa actitud pasiva... Dejo este mensaje como una reflexión. Y lo de las moneditas de oro es porque siempre vamos a encontrar oposición a nuestras ideas por más nobles que estas sean, mas siempre habrá oposición ante cualquier argumento.
Nadie es una monedita de oro que todos desean tener. Ahora la pregunta es : ¿Cómo sé yo si lo estoy haciendo bien?
Además de una conciencia que te da respuesta a esa pregunta, existe otra pregunta ¿lo que yo hago beneficia a la mayoría o los daña? El punto de toda esto es dejar en claro que la misión de un intelectual, cualquiera sea su especialización, arte, ciencia, escritura, ingeniería, pintura, etc., es aportar su fruto en función de despertar a aquellos que solo viven por vivir, por satisfacer sus instintos básicos. ¿Lo estás haciendo tú? Espero tu comentario, respuesta o sugerencia.

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