UN BLOG PARA LOS INTERESADOS EN DAR A CONOCER SUS INQUIETUDES LITERARIAS, COMENTAR LIBROS, PELÍCULAS O ... SIMPLEMENTE COMPARTIR SUS SUEÑOS.



22 sept. 2014

Ser impecable con el lenguaje o…

Ser impecable con el lenguaje o…

—Volverse  caca... Mi, no entender none Cindicó la dama de cabellos grises con acento de “norte-maricana”  cuando cualquier extranjero aún  podía salir a la calle sin miedo a ser atracado. 
—No se preocupe señora… yo también estoy casi igual que usted —expresé antes de señalarle la dirección que  buscaba. Era una de las calles de Sábana Grande, pero no de la Gran Sabana afortunadamente…  a donde la habían mandado. 
   Poco antes de que la  anciana "lady" me detuviera había alcanzado a oír a la joven pareja cómo —utilizando un léxico precario donde escasas "palabras" fungen, cual jokers en una partida de Rumie, de muletas para sostener a un lenguaje prematuramente desahuciado cuando se usan múltiples veces para significar diferentes cosas— habían intentado enviar a la extraviada turista a la selva del Precámbrico.
   Ahora me pregunto:  ¿qué instrumento debe usar el entendedor para descifrar el verdadero significado de tal pobreza de lenguaje?, ¿la entonación?, ¿las señas?, ¿la cadencia?, ¿la intención?
 O serán esas "conversas" simplemente un diálogos hipócritas de sordos para pasar el tiempo y paliar la soledad in crescendo de hoy en día. Incluso, estos jóvenes habían "tatuado" la personalidad de la infortunada turista  contra su voluntad con la palabra “marica” unas cuantas veces.

  Debido a que últimamente más jóvenes, incluso adultos y profesionales, se han ido sumando  en la práctica de este nuevo deporte unisex de lanzar al viento palabras prosaicas, groseras y con significados diferentes a los que según la lengua oficial les corresponde en el uso cotidiano del habla he dado vida de nuevo a esta entrada.
Había estado dándole vueltas al  tema de la impecabilidad  de la palabra o, mejor dicho, de la indigencia de la misma  si se le evaluá desde el lado vacío del vaso medio lleno, desde hacía algún tiempo, a veces sintiéndome incapaz de hacerlo llegar a la reflexión del  lector común de este país, que quizás ya se sintió sumido en  la abulia , apatía o desinterés por la palabra escrita.
Como ejemplo podría nombrarse, sin mencionarse, a “la vergüenza venezolana”, al ilegítimo que jura que las palabras terminadas en "a" o en "e" pertenecen al  género femenino o masculino respectivamente,  quien desde su curul las viola sin preservativos  a su antojo ante los ojos de quienes deberían proteger la pureza del idioma. Lo sorprendente es que esto lo hace como si fuera lo más sano para la comunicación. Es evidente que para estos inválidos de vocabulario la frase aquella de “el verbo crea” es equiparable a  “el verbo sabe a m...”.
   Para estos inválidos de lenguaje el más "útil" de esos comodines, además del antiguo “güon” de los años ochenta, es la palabra “marica” o “marico”…  a la cual, por lo menos, sí se han preocupado en diferenciarle el género; aunque la palabra en sí ya tiene implícita una ambigüedad.  Incluso "el joker" ya llega a espacios no reservados para el mismo, como la universidad. Hace poco cuando fui a consulta odontológica en la casa magna de estudios, UCV,  me atendió un joven estudiante de postgrado y lo primero que dijo fue “Ok, marico, abre la boca… “  aunque, seguidamente se corrigió al darse cuenta de su indiscreción con “disculpe, señor”.
     Por eruditos es sabido que desde el momento en que brota la palabra de los labios ya lleva una intención. "El Verbo crea", nos dice la Biblia ya en su primer capítulo y es con la expresión de las palabras que se hace la luz. Por otro lado, con respecto a la influencia del lenguaje en el reforzamiento de la personalidad , Giovanni C., un amigo psicoterapeuta  profesional,  expresó sentirse preocupado por el uso creciente de la palabra “maric@” entre la juventud de ambos sexos. El asegura que la energía verbal que lleva la palabrita, asumiendo a verbo como acción,  distorsiona la sexualidad de tanto repetirse; y agrega que no le extraña el auge de tanto homosexual en los últimos años, sin que ellos mismos conozcan la razón de su cambio, de su salida de closet, o  de su humedad en la canoa.
 —A mí que no ve vengan con esa palabrita porque los mando de una vez al carajo —expresó— lo que quieren es minimizar al otro.
   Coincido totalmente con él en la intención del comodín, ya no oculta: desprestigiar, oscurecer, incomunicar y por ende dominar. ¿Lo habrán logrado ya estos lidercillos políticos?
Por supuesto que lo han logrado digo yo, aunque él lo duda. Por esa  razón, además del "pantaletismo" militar, se mantiene en el poder el lumpen del lumpen más grande habido en la historia de Venezuela.  Quizás dentro de unos cuantos años los historiadores plasmarán con impecable lenguaje el origen de toda esta debacle moral que parte por el  abuso de la simbología de la lengua.
Desde el origen de los tiempos las culturas avanzadas han respetado y hecho respetar su lengua.
Los toltecas, decían que el lenguaje es el código que utilizamos los humanos para comunicarnos y comprendernos. Cada letra y cada palabra de cada lengua es un acuerdo. Llamamos a esto una página de un libro. La palabra “página” es un acuerdo que comprendemos. Una vez entendemos el código, nuestra atención queda atrapada, y la energía se transfiere de una persona a otra. Para entender mejor esto anexo el enlace que contiene uno de los pactos del libro de Miguel Ruiz, “Los cuatro acuerdos”.
Véase el enlace:
El primer acuerdo

 Razón tenía el Maestro Jesús cuando expresó: no es lo que entra en la boca lo que perjudica al hombre, sino lo que sale de ella porque viene del corazón. De otra manera los toltecas quieren decir lo mismo: las palabras son como un alimento que nutre nuestra personalidad, si la alimentas con miedo, desprestigio, críticas, culpa, etc., entonces en eso te conviertes... somos lo que comemos.
Ahora me pregunto: ¿Será posible ser impecable con la palabra y más en el lenguaje escrito?
   Los lingüistas o estudiosos de la lengua española, comenzando por Don Andrés Bello, pasando por Ángel Rosenblat y revisando los artículos en primera persona del plural de Alexis Márquez Rodríguez, sostienen que el lenguaje lo hace el habla popular y añaden que cuanto más se use un vocablo por el común de la gente, aunque anteriormente fuera aceptado por la Academia erróneamente tanto por escrito o hablado, aquel pasará a formar parte del idioma y el diccionario tendría que añadirlo, pudiendo quedar la fórmula anterior, aunque correcta gramaticalmente, como un arcaísmo.
   Pero, ¿qué ocurre cuando el habla popular desvirtúa el lenguaje, utiliza la gramática erróneamente y/o emplea un mismo vocablo para referirse a múltiples conceptos tal como sucede hoy en día?  Pues sencillamente envilece la lengua, obstaculiza la comunicación y embrutece el alma, la cual se vale de tal instrumento para avanzar.


En la escritura, que no es más que llevar a impreso la oralidad, la impecabilidad de la palabra vendría supeditada al uso más adecuado a la situación y al momento que se narre, describa, ensaye, copie o ejemplarice, a la acción coherente de los personajes, y a la pasión o sentimiento que  pueda despertar  en el lector. Así sería absurdo poner en boca de un "colectivo" violento —cuya "tarifa" mensual supera varios sueldos mínimos— palabras con una prosa educada; sería como vestir un frac con chancletas de goma para ir a un matrimonio; o poner bajo el bigote del dictador palabras de solicitud auténtica para trabajar por el país y en contra la corrupción… imposible, sería  como ponerse la soga al cuello el mismo. 
De seguir así como vamos, degenerando la palabra, el siguiente párrafo sacado de una conversación entre amigas no causaría ningún asombro:

—Marica, ¿terminaste con el marico ese que andaba con mariqueras contigo?
—Claro, marica. Ese era un mariquito hijo de la gran marica… ahora estoy saliendo con tremendo maricón con carro y  que no anda con mariqueras.
Lo misterioso del asunto es que  ellas parecen entenderse sin complicaciones… quizás por la entonación, las muecas, o los gestos al hablar porque dudo que se deba al desarrollo de la intuición o a transmisión de imágenes mentales. De ser así el caso sería conveniente entonces convertirnos en meditadores y utilizar el silencio como medio de comunicación, donde el Marcel Marceau más avanzado sería aquel que logre hacerse entender mejor y, ¿para qué? , ya no sería importante el hecho de si la palabra es impecable o no.

  Y reflexionando me cuestiono si aquella frase de que "nacimos en pecado" , que inventaron los más pícaros para mantener sometidos a los más ignorantes mediante diferentes dogmas convertidos en religiones, no podrá aplicarse también al lenguaje…  O sea, que la lengua ¿también nace en pecado? De ser así, pues que Dios nos agarre confesados... aunque, ¿cómo confesarnos con Él cuando sabemos que la palabra más impecable es aquella que no se dice porque no implica juicio?


Henrique J. Albornoz Miliani
Septiembre 2014

0 comentarios:

click

free web site traffic and promotion

páginas de enlace

Sistema Enlaces Reciprocos

Escribe