UN BLOG PARA LOS INTERESADOS EN DAR A CONOCER SUS INQUIETUDES LITERARIAS, COMENTAR LIBROS, PELÍCULAS O ... SIMPLEMENTE COMPARTIR SUS SUEÑOS.



14/01/2011

Un mundo feliz











Un feliz año 2011, una feliz navidad, Felices Pascuas... Feliz, feliz, feliz, Una palabra que, cual una hallaca navideña, quisiéramos amasar en familia con sus diferentes ingredientes y envolver con la hoja platanera de nuestro cuerpo emocional para después degustar... Tantas veces nombrada, anhelada, buscada más que el Grial y demás reliquias por Indiana Jones, que no es el hermano de Paco, y miles de caballeros pseudo medievales que sólo tienen tiempo de sentarse en una mesa familiar en estos días...


Pensaba no dedicarle más en este blog porque creí , hasta ahora que leí en Navidad el libro Happy for no reasons, en la necesidad de tener feedback... ¿Y que importa el feedback?.... ¿Acaso se escribe para recibir aprobación?... Pues, a veces sí... Pero este mensaje, así como el del potencial psico que va al Hyde Park en Londres y se encarama en una tarima puesta para tal fin, a lanzar, mejor dicho: escupir en voz alta, lo que piensa de lo que sea, sin importar si lo escuchan o no y después se marcha desinflado consigo mismo, es para sacar lo que se tiene dentro, o mejor dicho para expresarse.


Volviendo al tema de la felicidad en relación con la literatura: ¿Será posible tener un mundo feliz aparte del de la ficción?


Acabo de leer esta novela de Aldoux Huxley que aunque fue escrita en 1932, antes de la Segunda Guerra Mundial ya anticipa la manipulación de la tecnología para mantener, como diría el Interventor Mustafá Mond, a la sociedad estabilizada, sin enfermedad, sin envejecimientos, sin la lucha o el juego llamado cortejo para conseguir la satisfacción sexual en una sociedad ficticia, utópica perversa, una distopía. Para comentarios de esta novela pueden visitar cualquier página web y encontrarán un amplio repertorio.

Lo que me impactó de esta obra fue su estructura literaria, una forma de narrar en ciertos capítulos combinando varias narraciones por párrafos, técnica literaria que no era usada por aquellos momentos; y la similitud, aunque no con los mismos medios, con que actualmente el estado autoritario o totalitario lleva mediante condicionamiento, y control que corroe poco a poco, al exterminio de sus integrantes bajo una careta de felicidad o maquillaje de benevolencia.


En los últimos capítulos se revela un experimento realizado si todos los seres fueran alfa, el nivel más alto, y se dejaran en una isla para que se organicen por su cuenta y repartan las tareas de la sociedad, el resultado un caos total, anarquía y guerra civil, debido a que nadie quería hacer trabajos sencillos, ni repetitivos, ni donde el esfuerzo y desgaste físico formara parte del sistema. Pareciera ser que el autor ya conocía sobre las teorías psicológicas de adoctrinamiento por la propaganda. ¿Acaso no es eso lo que se viene realizando hoy en día? ¿Es necesario una clasificación y sistema de castas para la estabilidad social? Pues sí, pareciera concluir el autor, el único problema es induciendo a quienes realizan el trabajo más aburrido a nivel pensante, sientan amor por lo que hacen y desprecio por lo que no estén "capacitados" a hacer ¿Y cómo se logra? Mediante programación hipnopédica y afirmaciones diarias desde que saliste prácticamente del tubo de ensayo ─me recuerda algo─, manipulaciones genéticas, y cuando te da la depre: el soma



─¿ no te rememora el auge últimamente de las drogas legales o no ?─... que te pillan unas vacaciones mentales placenteras y te olvidas de la realidad... o el uso del sexo libre = todos pertenecen a todos... el amor no importa, a menos que sea para el consumo personal, cual Marqués de Sade del siglo XXI. ¿A cambio de qué? Eliminar la religión, Dios, la política ─bravo por esto─, el arte, la ciencia, la filosofía y lo que es peor la Literatura.

De pertenecer a tal sociedad me pregunto si los lectores o los que escribimos terminaríamos como John el Salvaje, ermitaños en algún recóndito lugar; y en caso de ganar fama y de ser invadida tu privacidad, con los pies cual brújula desimantada colgados de un barandal que nos ¿conecta a nuestra propia alma?

Para concluir con esta entrada y comparar con lo que vivimos actualmente es recomendable también leer Fahrenheit 451 de Bradbury y, la que disfruto actualmente, 1984 de George Orwell.

A brave New World, título, no nobiliario, en inglés, es un novela que pone a pensar a aquellos que creemos en una igualdad de razas, en la distribución equitativa del trabajo, en la búsqueda de la felicidad social. ¿Dejamos que todo siga su curso? y nos embriagamos con el soma de una recompensa salarial o pago por sostener la propuesta, si es que la tienes, claro no puedes dejar de alimentar a tu familia, o cuando no hay otra alternativa, a menos que sacrifiques tu libertad de opinión, o, ¿nos atrevemos a poner un ladrillo? en el edificio de otra realidad verdadera con arte, ciencia, filosofía y literatura a riesgo de ser expatriado a las Malvinas o con parecido destino al personaje de Platón , un John griego, que una vez sale de la cueva donde estaba atado e inmovilizado junto a unos semejantes, ve el otro mundo, realen tres dimensiones donde ─su realidad─ solamente veía sombras proyectadas en un muro... y que será seguramente despescuezado por sus semejantes cuando regrese y trate de hacerles ver qué existe la luz, que el líder eres tu mismo, que la violencia es producto del miedo y la felicidad está dentro de ti mismo... pero hay que sufrir para saber valorarla.


!Pobre John!... o en criollo: !Pobre Juan!

12/10/2010

Vivir atemoriza



Vivir atemoriza

Un título que no sólo te causa estremecimiento sino que te invita a leer... incluso en una ciudad donde más bien atemoriza el morir cada vez que sales a una calle y donde se nos ha vendido la imagen de un dios protector. Vida-muerte, realidad-sueño, pasado-presente, son polos que se entretejen en los instantes del detective protagonista, incluso en el tiempo del narrador.

Si Uslar Pietri se conoce como el renovador del cuento venezolano, y Aquiles Nazoa como el inventor de mariposas, y los adecos como los inventores del vino rosado (dicho por él mismo), podría decir del autor de esta novela, de Sael Ibáñez, algún Domingo Miliani o algún Mariano Picón Salas o él mismo, que es el reinventor de taller literario.


Recuerdo el rostro de una de sus ahora perpetuas integrantes cuando el primer día que empezaba su “taller” en el Trasnocho, llegando unos minutos tarde, entró en el amplio salón de gran mesa donde se descorchaban ya varias botellas de vino y alguien leía un manuscrito. Las arrugas y contracciones involuntarias expresaban, para un lector de lenguaje corporal, ese “¿y en qué fiesta me metí yo?, ¿y se irán a desnudar después?” Mas esgrimió tímidamente: Disculpe, es éste el taller de narrativa. Y un simpático señor, cual rey Arturo llanero con rulitos, de pupilos, baqueanos algunos ─de Baco, mas no de veteranos─ en mesa cuadrada, exclamó: ¡Claro! Adelante.
No he estado en muchos talleres literarios, como para endilgarle ese epíteto a Sael, pero entre los artículos que analizamos precisamente estaba la “biografía de un taller literario” de Luis Britto García y precisamente ─ya llevaba unos meses asistiendo─ el taller se salía de algunos de esos lineamientos. De Sael como escritor ya existen biografías, pero quién lo ha seguido intuye que Sael sabe hacer que su pupilo, si bien no se convierta en un zapatero literario ─la escritura no se enseña, se aprende─, por lo menos se convierta en un artesano capaz de darle a la alpargata de provinciana atrayente el toque de una sandalia de alguna bella amazona. Un taller donde algunos de sus integrantes se empeñan en convertirlo en peña, y Sael con el cincel de su discernimiento, cual Michelángel ante la piedra lisa, como visualizando a ancianos en un geriátrico conduciendo bicicletas con rueditas traseras, para evitar que esto ocurra, permite la transfusión de sangre nueva al grupo, porque a diferencia de los sempiternas congregaciones, su moderador tiene fe en los escribidores nuevos, posibles escritores del futuro… pero basta de hablar de su autor, para eso véase el siguiente enlace.



La narración Vivir atemoriza es una especie de novela metafísica detectivesca, un mezcla del suspenso clásico con descripciones tocadas con la tabla de Conrad, de final abierto al estilo de un Henry James de Camaguán, donde el lector se podría cuestionar, cual en La mano junto al muro, si el detective que vacaciona es el autor del crimen. Me recuerda a la obra de Green, El tercer hombre, donde siempre nos cuestionamos: ¿y dónde está el tercer hombre? Aquí cuarenta años atrás en un peñón, no una peña, se cometió un crimen: la china rubia y su preferido entre siete, Rattia ─quizás una rata como diría algún malandrín resentido del grupo de los siete─ desaparecieron misteriosamente en el pueblo oriental San Luis del Peñón que vive del turismo, pero con recuerdos estigmatizantes. Ahora llega Leroy, un detective de “vacaciones”, que en su mundo novelesco mezclado de recuerdos incestuosos, deseos frustrados por su ingreso forzado a un seminario, nos dan la impresión de que se repetirá la historia. Aún quedan cuatro de los del grupo de siete en aquel pueblo, que se presume cometieron el crimen, pero no hay evidencias, sólo suposiciones empañadas por el paso de los años. Sin embargo, otros se marcharon y la trama del cuento a un lector inteligente le haría preguntar, ante la incertidumbre que permanece, si ésos, aquellos dos sugeridos, que no están, sean el detective que reaparece y el narrador semi omnisciente del relato.
En la novela siempre está, cual huella de una verruga operada, la preocupación mística del protagonista, quizás por haber residido en un seminario o quizás ante el intento vano de castración de amor familiar por entregarse al Dios que no vemos pero que debemos adorar, de intervenir o no por el bien del prójimo. Una simple concha de cambur en una escalera es la bujía que produce la chispa de decisión para abandonar el seminario y posteriormente dedicarse a cualquier otra labor, en este caso un ser que usa el instrumento de destrucción, un arma de fuego, un puñal o cualquier otro, para paradójicamente mantener la vida. Un detective ¿con licencia para matar? que quizás se cuestione: Si dejo la concha no intervengo con el Plan Divino, pero si alguien cae y muere posiblemente vaya al infierno, mejor la quito y le doy más tiempo en este planeta… pero ¿y si va al Cielo?... mejor la dejo y le ahorro más sufrimiento terrenal… ¿Pero entonces cuál es la decisión humana, si todo está escrito?... A la mierda el seminario y todos sus integrantes, incluso que se vayan a la mierda los dioses que inventaron toda esta tramoya

La acción transcurre, la mujer bella que inspira pasiones negadas, cual en el pasado eterno, es asesinada misteriosamente, los cuatro restantes dejan dudas, ¿el cura del pueblo está vinculado? Sí, pudiera ser porque asesina pasiones; no, porque sigue su vocación… y el final ¿qué?
Y como menciona el autor en la obra "cuando se es fiel a algo, bien sea a sí mismo o a la literatura, no importa qué, todo llega por añadidura.


No les adelanto más porque en verdad vale la pena leer esta novela publicada en 1998, que quizá le valió el premio municipal de literatura… y quién conozca a Sael, rematará, sin unos tragos encima y sin halagos políticos, con dos palabras coloquiales que ganan cada vez más adeptos en el mundo literario: El pana.

31/12/2009

Libros recomendados: La vuelta de tuerca



¿Existen realmente los fantasmas o es producto de nuestra imaginación?

En esta obra Henry James nos deja con esa incógnita mediante el uso maravilloso de una estructura literaria que para finales del siglo XIX era novedosa... y más para una novela de terror.

No me considero crítico literario ─sí lo era el autor, de enorme prestigio─, pero sí poseo un criterio ─como todos─ para discernir cuando una obra es valiosa para aquellos que nos dedicamos a escribir, o sólo para disfrutarla leyendo. Hace poco en un artículo Umberto Eco esbozaba que se necesitarían 180 años de vida para leer los libros recomendados, de literatura solamente, como por ejemplo el repertorio literario del Dicionario Bonziani delle Opere, dedicándole cuatro días a cada obra... y sin contar el tiempo a dedicar a las buenas películas, a escribir un cuento o a escribir una entrada en un blog ─ésta me toma varias horas, que disfruto y me entretienen, investigando para no imitar o para dejar algo nuevo, componiendo el dibujo de la entrada, viendo las películas relacionadas, ubicándome en la época del autor y su obra, etc.─. Pues, habrá que mantener una dieta extremadamente saludable, hacer mucho ejercicio, practicar "cero vicio" ─ni un vinito que te suba el ácido úrico─, pasar horas de sauna, cero consumismo que te distraiga, abstenerse de noticias angustiantes, no intervenir en riñas callejeras o caseras, o sea una vida medio aburrida para un escritor promedio, para acaso llegar a la mitad del tiempo de lectura requerido. ¿Que leer? esta pregunta sería, al contrario de una peste o de pandemia, una cuestión de vocabulario y no de tiempo. Mas, lo importante no es leer todo lo recomendado ─¿por quién? sería otra pregunta a hacerse─ sino sacar el conocimiento, como diría Mark Twain, de la experiencia literaria; y en nuestro caso, los que deseamos publicar nuestro escritos, aprender de aquellos que se atreven a no encasillarse en un estilo o estructura preestablecida tal como ocurre en la novela La vuelta de Tuerca, de finales de la época victoriana.

Es una obra que hay que leer por lo menos dos veces para tratar de entender las intenciones del autor, asunto que muchos críticos han intentado... y la novela ahí, verde, altiva, como un cerro Ávila ante los incendios forestales, después de cien años. No voy a hacer un comentario extenso de la misma ─no se ilusionen esos escolares a quienes les gusta la papa pelada, o mejor, el puré─, sino un esbozo del por qué resulta útil de leer.


Primero, la estructura de la misma rompe con lo establecido en materia narrativa para una novela de terror en el momento de su publicación. El primer narrador anticipa a los escuchas, los lectores que estamos afuera, que la historia que va a narrar, y que le ocurrió a otra persona, una institutriz , no tiene comparación en asunto de terror. Independiente de que cause miedo o no ─a mí, que he visto fantasmas, me causaría más miedo "Manejar mi carro en la madrugada" o andar "Con un Blackberry en el Centro de Caracas", títulos para un mini cuento─ este arranque ya crea cierta ansiedad para continuar la lectura.

Segundo, el autor utiliza simbología, episodios, y acciones que ocurren tanto dentro de la mente de los protagonistas como en el exterior que eran propias de una novela del género de terror.

Tercero, el final, aunque pareciera ser apresurado, nos sigue dejando con la incógnita inicial, ¿los fantasmas están en nuestra mente? ¿es inventada por la que la escribió? ¿está enferma? ¿enamorada del niño? ¿del padre?, o ¿son reales los hechos narrados? Tomando en cuenta la madurez del autor, es evidente que el final está colocado, como mancha de pintura de labios en cuello de camisa para dar celos a la esposa, a propósito.


Cuarto... sería mejor que la lean y saquen sus propias conclusiones. Les dejo el enlace para bajarla... o compren el libro y lo leen en noche de Luna Azul.


http://rapidshare.com/files/328935181/james__henry_-_la_vuelta_de_tuerca_2_.pdf.html

Tambien es recomendable ver la película, una versión es:




Otras reseñas


10/09/2009

Maloso el oso bueno, cuento de una niña de 8 años


Los niños también tienen qué contar y escribir con su desbordada imaginación, que en vez de truncar deberíamos estimular. A continuación el cuento de Arianna una niña, con ocho años cuando la escribió, de Tenerife que vino a Venezuela el año pasado a pasar vacaciones y me dejó este regalito. Solamente le corregí la gramática.


Maloso el oso bueno
Arianna

Había un oso polar que vivía en Caracas porque se vino en avión escondido en una maleta. Él entonces era algo chico y no le gustaba ni el frío, ni comer focas; sino el monte verde y comer “mojo”. El mojo es un alimento líquido de Venezuela que está hecho con huevo, tomate y cebolla.
El oso estaba ahora feliz porque el sol le calentaba su cuerpo y porque se había encontrado una lata de cerveza que tenía una imagen parecida a su padre.
─¡Mi padre es muy importante aquí! ¡Casi todas las personas lo adoran! ¡He visto a muchos hombres con esas latas en sus manos!
Entonces pasaron años y años, y el oso creció, y ya no podía viajar en Metro porque los adultos tenían que pagar el pasaje.
La gente pensaba que él era un señor disfrazado haciendo propaganda a la cerveza y lo saludaban: ¡Panas sí hay! ¡Consigue unas birras!
El oso se acordó que desde que llegó al aeropuerto fue muy bien recibido. ¡Claro! Si lo confundían con el señor chiquito que ese día fue a una feria en el aeropuerto disfrazado de oso polar. Y después al terminar la fiesta se montó en una camioneta con otros tres osos más que eran unos chicos disfrazados. Él, siendo muy inteligente, había aprendido a hablar español escuchando a las personas.
─Epa ¿por qué no te quitas la careta? ─preguntó alguno─. Hace mucho calor.
─No, yo estoy bien así ─respondió el oso con su ronca voz.
Ese día se quedó en la casa del señor pequeñito que siempre se encontraba muy borracho y pensaba que Maloso era uno de sus amigos del grupo. Al otro día el señor recibió una llamada de un familiar enfermo y le dijo al oso: “Tengo que viajar urgentemente a visitar a una tía en Europa. Cuídame la casa por unos días.”
El oso se quedó cómodo ahí, porque el señor más nunca regresó. El oso salía a pasear con sus compañeros que iban a buscarlo de vez en cuando para alguna fiesta.
Pero un día un niño se dio cuenta que ése era un oso verdadero.
─Oye, ese señor nunca se quita el disfraz ─exclamó el niño─, y siempre está limpio y perfumado.
─Y habla muy ronco ─dijo otra niña─. ¿No será un loco?
─Vamos a espiarlo cuando llegue a su casa.
─Vale ─dijo la niña.
Y se escondieron en un cuarto y vieron cuando el oso se bañaba con el disfraz puesto.
─Oye, éste como que es un oso de verdad.
─Sí, vamos a avisar a la policía ─dijo el otro niño─, posiblemente se comió al señor que vivía aquí.
─Y nos engaña a todos. Oso malo.

Luego vino la policía y encerró al oso en un zoológico porque no había donde meterlo preso.
Pero afortunadamente en el zoo había una osa frontina, de los Andes, con una mancha blanca en la cara, muy linda, de la cual el oso se enamoró y aprendió a hablar su idioma.
Desde aquel día el oso más nunca dijo una palabra de español y vive feliz con su compañera y nadie sabe que el oso nos entiende.


Aquí dejo unos enlaces de literatura infantil.
http://www.cuatrogatos.org/
http://www.bibliotecasvirtuales.com/biblioteca/literaturainfantil/

Y un blog de una amiga en donde escriben los niños.
http://secretosdeltaller.blogspot.com/

08/05/2009

Un hombre puede ser destruído, pero no derrotado


Con esta frase se resume, a mi entender, el significado del libro "El viejo y el mar" de Ernest Hemingway que recientemente leí y lo recomiendo.


Es la lucha de un hombre contra el destino, las fuerzas naturales, o lo qué sea, para lograr su ansiado sueño o su meta, y que termina abatido con las manos destrozadas, debilitado, sintiéndose impotente ante el ataque de los tiburones que le roban su "trofeo".

Así muchas veces no sentimos ante el intento de lograr una meta, un cambio que afecte el bien común... lo cual podemos obtener, y nos veremos atacados una y otra vez por los tiburones "comemier", siempre al acecho...
pero, no nos damos cuenta de que la negativa a darse por vencidos, a pesar de todo, la convicción de que nos esforzamos al máximo, constituyen ya una victoria.

El éxito se mide actualmente por la consecución material obtenida en muchos escenarios ─ aún sabiendo que el dinero es necesario, incluso para realizar cursos espirituales─... pero, de ser así muchos hombres que se han convertido en victorias vivientes, como Simón Bolívar, Mahatma Ghandi, Jesús de Nazareht, por mencionar unos pocos, serían unos fracasados.

No te rindas, hagas lo que hagas.

Me ha costado seguir alimentando este blog, debido a fallas de mi PC y posiblemente a comentarios pavosos políticos o religiosos, tan pavosos como las canciones que te obligan a escuchar en el metro.

Pensaba hacer una entrada sobre la pava, mabita, malasuerte, mala L ... pero eso es también pavoso... mejor dejo el link para bajar el libro mencionado, además de poner una frase antipava:

Kulshi Fucur.


Pulsa la imagen y baja tu novela




http://literatura.itematika.com/libro/432/el-viejo-y-el-mar.html

12/02/2009

... La lealtad hacia el látigo que los oprime


Unos dicen que la historia se repite; otros dicen que la hacen; otros la escriben y la dan a conocer a su manera; y peor, otros pretenden cambiar lo que ha quedado registrado; hay quien dice que "todo está escrito y hay que saber leer en la naturaleza"... y tantas explicaciones, que a veces no sabemos a qué atenernos. Si alguien tuviera la respuesta correcta se acabaría la filosofía, la división política e incluso la religión. A lo mejor el Creador, quiso que esto fuera así para dar una dinámica al mundo.
Independientemente del camino que adoptemos o tomemos, existen hechos comprobables y existe un bien común. Posiblemente si no fumo y entro a un sitio donde todos fumen, el anormal sería yo; aunque mi postura sea la más saludable a mis pulmones y a los del resto. Quizás alguno argumentará que esos son sus pulmones y que !él hace con ellos lo que le venga en gana! Pero, !ojo!, eso no te da derecho a maltratar los míos.
El motivo de toda esta perorata es que buscando el origen a una serie de inconvenientes que me pasaron, incluso el robo de mi computadora, por lo cual no había podido alimentar más este blog, llegué hasta mi bisabuelo.
¿Cómo?
Pues buscando en mis ancestros la causa de hechos que ocurren sin explicación alguna.
Y descubrí que mi bisabuelo, tocayo, es considerado un sabio en la región insular y por lo tanto le voy a dedicar unas entradas.

El siguiente ensayo escrito por el ilustre Henrique Albornoz Lárez, que apareció reseñado como Páginas del tiempo aún vigentes en la revista Margariteñerías número 164 del año 1974-cuando la misma no se dedicaba a la propaganda política como hoy día-, está tan vigente como en el año que fue escrito, 1905, en el de la reseña e incluso hoy día.


SUB TEGMINE FAG!!...

La savia que nutre a los pueblos es la Libertad.
En el Despotismo las masas germinan como el hongo del estercolero: viviendo de podredumbre.
Y la vida así no es sino un ridículo gesto de la muerte.
Por eso los pueblos libres van al Derecho; caminan con la conciencia del ideal que brilla como un astro en el cenit de todas las sociedades: -el ideal de la redención por la justicia y por la igualdad ante Dios y ante la Ley.
El Derecho es la perfección, la grandeza del individuo, así como la perfección y la grandeza de las colectividades.
Nación que no cruza por esta vía, va camino del Retroceso que es la antítesis ignominiosa del Progreso.
Grecia y Roma resplandecieron, cuando de la boca de sus tribunos máximos broto a torrentes el delator verbo del Civismo; y tuvieron su ocaso cuando las virtudes publicas de aquellos parecieron asfixiadas por la degradación de los caracteres.
La Historia maldice a los esclavos
Los maldice con la impresión, augusta del apostolado que sirve: de la misión que personifica.
El esclavo es un delincuente.
Porque ha refrendado con el mutismo de la abyección, la mutilación de sus fueros.
Porque ha traficado con la medrosidad de su espíritu.
Porque ha puesto en manos de los publicanos de la tiranía,el acerbo de sus prerrogativas.
Los siervos no pueden responder al llamamiento del honor: la lealtad hacia el látigo que los oprime, no es virtud; es el vicio de paria revestido con la dolosa forma de miedo.
En la hora actual, ráfagas de exterminio soplan sobre la frente de todas las razas viriles.
Empero, la lucha de hermanos contra hermanos; lucha titánica que va marcando con sangre el derrotero de monstruosas hecatombes, no acusa la debilidad del eunuco.
El eco de esas matanzas no ha encarnado en las sentinas del prostíbulo. Ni entre los rojos vapores de la orgía.
!No! Es el polen fecundo de la libertad, que, arrojado en el surco hambriento de luz, denuncia al mundo la obra de los siglos.
La horda beduina marcha al festín, pero al festín de la carne muerta, como el buitre
No va al Ideal.
Sus batallas son estériles: tienen la fisonomía del espasmo que la provoca.
El Ideal, en tanto, vive como el águila; eternamente en la cumbre.
Y es en ellas donde azota sin tregua la tempestad de los antagonismos.
Pueblo que lucha, pues, enarbola en sus tiendas de campaña, la bandera de un derecho conculcado o de una aspiración sentida.
En los dominios del tiempo sólo resplandecen con caracteres indelebles los grandes triunfos que son los de la idea.
Mas, entre todas las conquistas humanas, la suprema conquista es la de la Libertad.

Por eso cuando los pueblos la pierden, ruedan al abismo haciendo la trágica mueca suicida.


Creo que con tales palabras no hubiera podido decir lo mismo que mi ilustre Henrique Albornoz Lárez , quien nació en La Asunción, estado Nueva Esparta el 18 de Marzo de 1861. Su producción literaria fue fecunda y está en periódicos y revistas, muchas de las cuales fundadas por él: EL Espartano, El Globo, El Defensor, El Impulso, El Neoespartano, Gaceta Municipal, Registro Oficial, Cronos. Fue colaborador permanente del Heraldo de Margarita.
Poeta, educador, periodista, médico, filántropo, político. Empresario. Fundador del colegio de medicos., etc.
Autor de la letra de la bella canción del siglo pasado El Viajero.
Actualmente existe un premio bienal Nacional de literatura en ensayo con su nombre http://www.eldigoras.com/premios/premios0872.html
Según Venezuela Toda http://www.venezuelatoda.org.ve/compositores.php?l=H es autor de la famosa canción Fúlgida Luna.
Asi como en el blog del cuatro
de la cual se han hecho varias versiones ignorando al autor, tal como lo expresa el video de abajo


10/08/2008

Un regalo de vacaciones


Muchas veces, sobre todo cuando tenemos el bolsillo roto, nos preocupamos sobre qué regalarle a un ser querido, o a un amigo, o novia. Otras veces no asistimos a una reunión porque no tenemos como contribuir en relación con lo que aportan los otros asistentes. La vida de muchos es como un subibaja, a veces estamos en la parte descendente y nos olvidamos que volveremos a estar arriba de nuevo y nos olvidamos que las cosas hermosas de la vida no tienen precio. Y llega el día de obsequiar algo -!precisamente ahora !- y no se nos ocurre que con solamente usar el ingenio y la buena intención podemos dar algo sencillo e inapreciable.

Mi regalo de vacaciones para los que visitan este blog son estos dos cuentos cortos. Uno de Ray Bradbury, sencillo, no tan futurista, porque se sitúa en el año 2052 y denominado El Regalo.

El otro de O. Henry, irónico, que demuestra que lo importante es la buena intención y no lo material.

Los dos cuentos se relacionan con la navidad, pero si investigamos lo que significa navidad, cualquier moemento es apropiado para un obsequio.


EL REGALO
Ray Bradbury
Mañana sería Navidad, y aún mientras viajaban los tres hacia el campo de cohetes, el padre y la madre estaban preocupados. Era el primer vuelo por el espacio del niño, su primer viaje en cohete, y deseaban que todo estuviese bien. Cuando en el despacho de la aduana los obligaron a dejar el regalo, que excedía el peso límite en no más de unos pocos kilos, y el arbolito con sus hermosas velas blancas, sintieron que les quitaban la fiesta y el cariño.
El niño los esperaba en el cuarto terminal. Los padres fueron allá, murmurando luego de la discusión inútil con los oficiales interplanetarios.
-¿Qué haremos?
-Nada, nada. ¿Qué podemos hacer?
-¡Qué reglamentos absurdos!
-¡Y tanto que deseaba el árbol!
La sirena aulló y la gente se precipitó al cohete de Marte. La madre y el padre fueron los últimos en entrar, y el niño entre ellos, pálido y silencioso.
-Ya se me ocurrirá algo- dijo el padre.
-¿Qué?...- preguntó el niño.
Y el cohete despegó y se lanzaron hacia arriba en el espacio oscuro. El cohete se movió y dejó atrás una estela de fuego, y dejó atrás la Tierra, un 24 de diciembre de 2052, subiendo a un lugar donde no había tiempo, donde no había meses, ni años, ni horas. Durmieron durante el resto del primer "día". Cerca de medianoche, hora terráquea, según sus relojes neoyorquinos, el niño despertó y dijo:
-Quiero mirar por el ojo de buey.
Había un único ojo de buey, una "ventana" bastante amplia, de vidrio tremendamente grueso, en la cubierta superior.
-Todavía no- dijo el padre. -Te llevaré más tarde.
-Quiero ver donde estamos y adonde vamos.
-Quiero que esperes por un motivo- dijo el padre.
El padre había estado despierto, volviéndose a un lado y otro, pensando en el regalo abandonado, el problema de la fiesta, el árbol perdido y las velas blancas. Al fin, sentandosé, hacía apenas cinco minutos, creyó haber encontrado un plan. Si lograba llevarlo a cabo este viaje sería en verdad feliz y maravilloso.
-Hijo- dijo -,dentro de media hora, exactamente, será Navidad.
-Oh- dijo la madre consternada. Había esperado que, de algún modo, el niño olvidaría.
El rostro del niño se encendió. Le temblaron los labios.
-Ya lo sé, ya lo sé. ¿Tendré un regalo? ¿Tendré un árbol? Me lo prometieron...
-Sí, sí, todo eso y mucho más- dijo el padre.
-Pero...- empezó a decir la madre.
-Sí- dijo el padre- Sí, de veras. Todo eso y más, mucho más. Perdón, un momento. Vuelvo enseguida.
Los dejó solos unos veinte minutos. Cuando regresó, sonreía.
-Ya es casi la hora.
-¿Puedo tener tu reloj?- preguntó el niño.
Le dieron el reloj y el niño sostuvo el metal entre los dedos: un resto del tiempo arrastrado por el fuego, el silencio y el movimiento insensible.
-¡Navidad! ¡Ya es Navidad! ¿Dónde está mi regalo?
-A eso vamos- dijo el padre y tomó al niño por el hombro.
Salieron de la cabina, cruzaron el pasillo y subieron por una rampa. La madre los seguía.
-No entiendo.
-Ya entenderás. Hemos llegado- dijo el padre.
Se detuvieron frente a la puerta cerrada de una cabina. El padre llamó tres veces y luego dos, en código. La puerta se abrió y la luz llegó desde la cabina y se oyó un murmullo de voces.
-Entra, hijo- dijo el padre.
-Está oscuro.
-Te llevaré de la mano. Entra, mamá.
Entraron en el cuarto y la puerta se cerró, y el cuarto estaba, en verdad, muy oscuro. Y ante ellos se abría un inmenso ojo de vidrio, ojo de buey, una ventana de un metro y medio de alto y dos metros de ancho, por la que podían ver el espacio.
El niño se quedó sin aliento.
Detrás, el padre y la madre se quedaron también sin aliento, y entonces en la oscuridad del cuarto varias personas se pusieron a cantar.
-Feliz Navidad, hijo- dijo el padre.
Y las voces en el cuarto cantaban los viejos, familiares villancicos; y el niño avanzó lentamente y aplastó la nariz contra el vidrio frío del ojo de buey. Y allí se quedó largo rato, mirando simplemente el espacio, la noche profunda, y el resplandor, el resplandor de cien mil millones de maravillosas velas blancas...



El regalo de los Reyes Magos

O. Henry

Un dólar y ochenta y siete centavos. Eso era todo. Y setenta centavos estaban en céntimos. Céntimos ahorrados, uno por uno, discutiendo con el almacenero y el verdulero y el carnicero hasta que las mejillas de uno se ponían rojas de vergüenza ante la silenciosa acusación de avaricia que implicaba un regateo tan obstinado. Delia los contó tres veces. Un dólar y ochenta y siete centavos. Y al día siguiente era Navidad.
Evidentemente no había nada que hacer fuera de echarse al miserable lecho y llorar. Y Delia lo hizo. Lo que conduce a la reflexión moral de que la vida se compone de sollozos, lloriqueos y sonrisas, con predominio de los lloriqueos.
Mientras la dueña de casa se va calmando, pasando de la primera a la segunda etapa, echemos una mirada a su hogar, uno de esos departamentos de ocho dólares a la semana. No era exactamente un lugar para alojar mendigos, pero ciertamente la policía lo habría descrito como tal.
Abajo, en la entrada, había un buzón al cual no llegaba carta alguna, Y un timbre eléctrico al cual no se acercaría jamás un dedo mortal. También pertenecía al departamento una tarjeta con el nombre de "Señor James Dillingham Young".
La palabra "Dillingham" había llegado hasta allí volando en la brisa de un anterior período de prosperidad de su dueño, cuando ganaba treinta dólares semanales. Pero ahora que sus entradas habían bajado a veinte dólares, las letras de "Dillingham" se veían borrosas, como si estuvieran pensando seriamente en reducirse a una modesta y humilde "D". Pero cuando el señor James Dillingham Young llegaba a su casa y subía a su departamento, le decían "Jim" y era cariñosamente abrazado por la señora Delia Dillingham Young, a quien hemos presentado al lector como Delia. Todo lo cual está muy bien.
Delia dejó de llorar y se empolvó las mejillas con el cisne de plumas. Se quedó de pie junto a la ventana y miró hacia afuera, apenada, y vio un gato gris que caminaba sobre una verja gris en un patio gris. Al día siguiente era Navidad y ella tenía solamente un dólar y ochenta y siete centavos para comprarle un regalo a Jim. Había estado ahorrando cada centavo, mes a mes, y éste era el resultado. Con veinte dólares a la semana no se va muy lejos. Los gastos habían sido mayores de lo que había calculado. Siempre lo eran. Sólo un dólar con ochenta y siete centavos para comprar un regalo a Jim. Su Jim. Había pasado muchas horas felices imaginando algo bonito para él. Algo fino y especial y de calidad -algo que tuviera justamente ese mínimo de condiciones para que fuera digno de pertenecer a Jim. Entre las ventanas de la habitación había un espejo de cuerpo entero. Quizás alguna vez hayan visto ustedes un espejo de cuerpo entero en un departamento de ocho dólares. Una persona muy delgada y ágil podría, al mirarse en él, tener su imagen rápida y en franjas longitudinales. Como Delia era esbelta, lo hacía con absoluto dominio técnico. De repente se alejó de la ventana y se paró ante el espejo. Sus ojos brillaban intensamente, pero su rostro perdió su color antes de veinte segundos. Soltó con urgencia sus cabellera y la dejó caer cuan larga era.
Los Dillingham eran dueños de dos cosas que les provocaban un inmenso orgullo. Una era el reloj de oro que había sido del padre de Jim y antes de su abuelo. La otra era la cabellera de Delia. Si la Reina de Saba hubiera vivido en el departamento frente al suyo, algún día Delia habría dejado colgar su cabellera fuera de la ventana nada más que para demostrar su desprecio por las joyas y los regalos de Su Majestad. Si el rey Salomón hubiera sido el portero, con todos sus tesoros apilados en el sótano, Jim hubiera sacado su reloj cada vez que hubiera pasado delante de él nada más que para verlo mesándose su barba de envidia.
La hermosa cabellera de Delia cayó sobre sus hombros y brilló como una cascada de pardas aguas. Llegó hasta más abajo de sus rodillas y la envolvió como una vestidura. Y entonces ella la recogió de nuevo, nerviosa y rápidamente. Por un minuto se sintió desfallecer y permaneció de pie mientras un par de lágrimas caían a la raída alfombra roja.
Se puso su vieja y oscura chaqueta; se puso su viejo sombrero. Con un revuelo de faldas y con el brillo todavía en los ojos, abrió nerviosamente la puerta, salió y bajó las escaleras para salir a la calle.
Donde se detuvo se leía un cartel: "Mme. Sofronie. Cabellos de todas clases". Delia subió rápidamente Y, jadeando, trató de controlarse. Madame, grande, demasiado blanca, fría, no parecía la "Sofronie" indicada en la puerta.
-¿Quiere comprar mi pelo? -preguntó Delia.
-Compro pelo -dijo Madame-. Sáquese el sombrero y déjeme mirar el suyo.
La áurea cascada cayó libremente.
-Veinte dólares -dijo Madame, sopesando la masa con manos expertas.
-Démelos inmediatamente -dijo Delia.
Oh, y las dos horas siguientes transcurrieron volando en alas rosadas. Perdón por la metáfora, tan vulgar. Y Delia empezó a mirar los negocios en busca del regalo para Jim.
Al fin lo encontró. Estaba hecho para Jim, para nadie más. En ningún negocio había otro regalo como ése. Y ella los había inspeccionado todos. Era una cadena de reloj, de platino, de diseño sencillo y puro, que proclamaba su valor sólo por el material mismo y no por alguna ornamentación inútil y de mal gusto... tal como ocurre siempre con las cosas de verdadero valor. Era digna del reloj. Apenas la vio se dio cuenta de que era exactamente lo que buscaba para Jim. Era como Jim: valioso y sin aspavientos. La descripción podía aplicarse a ambos. Pagó por ella veintiún dólares y regresó rápidamente a casa con ochenta y siete centavos. Con esa cadena en su reloj, Jim iba a vivir ansioso de mirar la hora en compañía de cualquiera. Porque, aunque el reloj era estupendo, Jim se veía obligado a mirar la hora a hurtadillas a causa de la gastada correa que usaba en vez de una cadena.
Cuando Delia llegó a casa, su excitación cedió el paso a una cierta prudencia y sensatez. Sacó sus tenacillas para el pelo, encendió el gas y empezó a reparar los estragos hechos por la generosidad sumada al amor. Lo cual es una tarea tremenda, amigos míos, una tarea gigantesca.
A los cuarenta minutos su cabeza estaba cubierta por unos rizos pequeños y apretados que la hacían parecerse a un encantador estudiante holgazán. Miró su imagen en el espejo con ojos críticos, largamente.
"Si Jim no me mata, se dijo, antes de que me mire por segunda vez, dirá que parezco una corista de Coney Island. Pero, ¿qué otra cosa podría haber hecho? ¡Oh! ¿Qué podría haber hecho con un dólar y ochenta y siete centavos?."
A las siete de la noche el café estaba ya preparado y la sartén lista en la estufa para recibir la carne.
Jim no se retrasaba nunca. Delia apretó la cadena en su mano y se sentó en la punta de la mesa que quedaba cerca de la puerta por donde Jim entraba siempre. Entonces escuchó sus pasos en el primer rellano de la escalera y, por un momento, se puso pálida. Tenía la costumbre de decir pequeñas plegarias por las pequeñas cosas cotidianas y ahora murmuró: "Dios mío, que Jim piense que sigo siendo bonita".
La puerta se abrió, Jim entró y la cerró. Se le veía delgado y serio. Pobre muchacho, sólo tenía veintidós años y ¡ya con una familia que mantener! Necesitaba evidentemente un abrigo nuevo y no tenía guantes.
Jim franqueó el umbral y allí permaneció inmóvil como un perdiguero que ha descubierto una codorniz. Sus ojos se fijaron en Delia con una expresión que su mujer no pudo interpretar, pero que la aterró. No era de enojo ni de sorpresa ni de desaprobación ni de horror ni de ningún otro sentimiento para los que que ella hubiera estado preparada. Él la miraba simplemente, con fijeza, con una expresión extraña.
Delia se levantó nerviosamente y se acercó a él.
-Jim, querido -exclamó- no me mires así. Me corté el pelo y lo vendí porque no podía pasar la Navidad sin hacerte un regalo. Crecerá de nuevo ¿no te importa, verdad? No podía dejar de hacerlo. Mi pelo crece rápidamente. Dime "Feliz Navidad" y seamos felices. ¡No te imaginas qué regalo, qué regalo tan lindo te tengo!
-¿Te cortaste el pelo? -preguntó Jim, con gran trabajo, como si no pudiera darse cuenta de un hecho tan evidente aunque hiciera un enorme esfuerzo mental.
-Me lo corté y lo vendí -dijo Delia-. De todos modos te gusto lo mismo, ¿no es cierto? Sigo siendo la misma aún sin mi pelo, ¿no es así?
Jim pasó su mirada por la habitación con curiosidad.
-¿Dices que tu pelo ha desaparecido? -dijo con aire casi idiota.
-No pierdas el tiempo buscándolo -dijo Delia-. Lo vendí, ya te lo dije, lo vendí, eso es todo. Es Nochebuena, muchacho. Lo hice por ti, perdóname. Quizás alguien podría haber contado mi pelo, uno por uno -continuó con una súbita y seria dulzura-, pero nadie podría haber contado mi amor por ti. ¿Pongo la carne al fuego? -preguntó.
Pasada la primera sorpresa, Jim pareció despertar rápidamente. Abrazó a Delia. Durante diez segundos miremos con discreción en otra dirección, hacia algún objeto sin importancia. Ocho dólares a la semana o un millón en un año, ¿cuál es la diferencia? Un matemático o algún hombre sabio podrían darnos una respuesta equivocada. Los Reyes Magos trajeron al Niño regalos de gran valor, pero aquél no estaba entre ellos. Este oscuro acertijo será explicado más adelante.
Jim sacó un paquete del bolsillo de su abrigo y lo puso sobre la mesa.
-No te equivoques conmigo, Delia -dijo-. Ningún corte de pelo, o su lavado o un peinado especial, harían que yo quisiera menos a mi mujercita. Pero si abres ese paquete verás por qué me has provocado tal desconcierto en un primer momento.
Los blancos y ágiles dedos de Delia retiraron el papel y la cinta. Y entonces se escuchó un jubiloso grito de éxtasis; y después, ¡ay!, un rápido y femenino cambio hacia un histérico raudal de lágrimas y de gemidos, lo que requirió el inmediato despliegue de todos los poderes de consuelo del señor del departamento.
Porque allí estaban las peinetas -el juego completo de peinetas, una al lado de otra- que Delia había estado admirando durante mucho tiempo en una vitrina de Broadway. Eran unas peinetas muy hermosas, de carey auténtico, con sus bordes adornados con joyas y justamente del color para lucir en la bella cabellera ahora desaparecida. Eran peinetas muy caras, ella lo sabía, y su corazón simplemente había suspirado por ellas y las había anhelado sin la menor esperanza de poseerlas algún día. Y ahora eran suyas, pero las trenzas destinadas a ser adornadas con esos codiciados adornos habían desaparecido.
Pero Delia las oprimió contra su pecho y, finalmente, fue capaz de mirarlas con ojos húmedos y con una débil sonrisa, y dijo:
-¡Mi pelo crecerá muy rápido, Jim!
Y enseguida dio un salto como un gatito chamuscado y gritó:
-¡Oh, oh!
Jim no había visto aún su hermoso regalo. Delia lo mostró con vehemencia en la abierta palma de su mano. El precioso y opaco metal pareció brillar con la luz del brillante y ardiente espíritu de Delia.
-¿Verdad que es maravillosa, Jim? Recorrí la ciudad entera para encontrarla. Ahora podrás mirar la hora cien veces al día si se te antoja. Dame tu reloj. Quiero ver cómo se ve con ella puesta.
En vez de obedecer, Jim se dejo caer en el sofá, cruzó sus manos debajo de su nuca y sonrió.
-Delia -le dijo- olvidémonos de nuestros regalos de Navidad por ahora. Son demasiado hermosos para usarlos en este momento. Vendí mi reloj para comprarte las peinetas. Y ahora pon la carne al fuego.
Los Reyes Magos, como ustedes seguramente saben, eran muy sabios -maravillosamente sabios- y llevaron regalos al Niño en el Pesebre. Ellos fueron los que inventaron los regalos de Navidad. Como eran sabios, no hay duda que también sus regalos lo eran, con la ventaja suplementaria, además, de poder ser cambiados en caso de estar repetidos. Y aquí les he contado, en forma muy torpe, la sencilla historia de dos jóvenes atolondrados que vivían en un departamento y que insensatamente sacrificaron el uno al otro los más ricos tesoros que tenían en su casa. Pero, para terminar, digamos a los sabios de hoy en día que, de todos los que hacen regalos, ellos fueron los más sabios. De todos los que dan y reciben regalos, los más sabios son los seres como Jim y Delia. Ellos son los verdaderos Reyes Magos.


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